16 de octubre de 2008

Boa viagem

Hace unas semanas que volví de Portugal.
A pesar del terror de mis padres y sus nefastos augurios mi partenaire y yo decidimos ir en coche, conducido por mí, of course.
Braga es Portugal en pequeñito. Hay paz y tranquilidad por doquier salvo que no tengas ojos en la cara. Si vas a Braga y no tienes ojos en la cara escogerás entre la docena de hostales el que tiene una iglesia con campanario enfrente. A las ocho de la mañana de un día cualquiera de mis vacaciones, en una habitación del hostal noloencontrémásbarato, Braga dejó de parecerme un nido de calma y sosiego. El dingdong, un aparato extraño adosado a la ventana que de vez en cuando intentaba comunicarse con sonidos guturales y unas cuantas hormigas que al grito de "Es una fiessshhta!" quisieron dormir conmigo son mis principales recuerdos de Braga.

Estuve en el Paço de los Duques de Bragança. No sé si en el siglo XV estaría decorado igual pero me quedó la impresión de que sus dueños, además de dineros, tenían cultura y buen gusto. Enormes jarrones chinos, grandes platos y ensaladeras decorados a mano, muebles asiáticos unos, portugueses otros, tapices kilométricos... Un montón de salas, todas con su chimenea a veces incluso dos. En algunas había ventanucos de madera que daban a otras habitaciones o a la entrada o a las caballerizas, para ver quién acababa de llegar. Esquivando italianos y japoneses me deleité todo lo que quise imaginando a damas y caballeros pasar a mi lado, comiendo en las mesas de los banquetes, leyendo en los asientos de piedra que había en casi todas las ventanas... Ví un vestido de la época con el que elegantemente posaba una maniquí. Siempre me sorprende el generoso escote y que la Iglesia no tuviese nada que decir. Mmmm... ¿sería más fácil recriminar a una campesina? No sé exactamente la razón pero me choca teniendo en cuenta que no hace tantas décadas las mujeres no podían ir ni en manga corta a misa.


Un gato portugués, a ver quién lo encuentra primero.

Oporto es viejo. Un viejo fumando mientras mira el río. Sus edificios tienen todos, monumentos incluídos, la misma pinta de ahumados, con la cara tiznada y los balcones oxidados. Es además un batiburrillo de calles y callejones imposibles de recorrer siguiendo el mapa sin perderse tres o cuatro veces. A mí me parece encantador. Me gusta su disfraz de ciudad de otro tiempo. Me fascina encontrar tanta gente negra (sí, yo digo negro salvo que al negro en cuestión le moleste). En mi ciudad, unos 100 mil habitantes, no hay muchos negros. Los que me encuentro en el campus son estudiantes o profesores pero los otros suelen ir con la manta y los cd's a cuestas. Allí pude ver gente totalmente integrada. Llevando a los niños al parque, trabajando en tiendas, en bares, en edificios públicos. Allí son población portuguesa. Seguramente me estoy explicando fatal... En fin, que fue agradable. Para un neoyorquino ésto será una chorrada porque allí es habitual, repito que dónde yo vivo no.
Imagínate un mediodía abrasador. La cabeza humeante. El ánimo fluctuante después de perderte y encontrarte media docena de veces mientras no puedes evitar andar en círculos. Intentas una y otra vez infructuosamente encontrar alguno de esos numeritos del mapa que simbolizan monumentos pero en el mundo real sólo ves indicadores de hoteles que no puedes (ni querrías) pagar. Por fin un monumento se alza a tus pies. La "Torre dos Clérigos". Bien, tenemos una torre. Por fuera se ve rápido. Entremos. Escaleras claro, ¿qué va a haber dentro de una torre? Bueno, por lo menos no hay cartel de precios, es gratis, subamos. Entonces oímos una voz: "dois euros". 225 escalones de subida, 225 de bajada y 4 euros menos después, la vida era menos bella.
Resumen de lo acontecido:
- Tuvimos que salir de la ciudad (2 veces) para mover el coche 200 metros.
- Un día nos quedamos sin cenar porque en Portugal los horarios son differents y a las diez de la noche cierran las cocinas de los bares, salvo contadas excepciones.
- No suelen tener ColaCao, "nem nada parecido". Ni en bares ni en tiendas. Producto exótico, vaya.
- Pelis y series en tv en versión original. Yo creo que son unos frikis culturetas. Mi novio que no hay presupuesto ni ganas de trabajar.
-Cuando volvíamos para Galicia nos secuestraron el coche con todas las compras y regalitos en un centro comercial. Nos presentaron a uno de seguridad que ya no trabajaba allí (¿?) y cuando yo estaba a punto de llamar a mi papá los secuestradores soltaron a mi pequeñín en la otra planta del parking. Curiosamente era idéntica a la planta suplantadora en la que infructuosamente lo buscábamos ¬¬

En definitiva y aún así, Portugal me mola :)

P.D. Muchas gracias a los que me pedían que escribiera :)_ aún se me está cayendo la baba.

2 de septiembre de 2008


A veces me doy cuenta de que no hago todo lo posible por conseguir lo que deseo. Creo que prefiero lamentarme de no haberme esforzado más antes que desfallecer en el intento. Si luchara con todas mis fuerzas, con toda la pasión que tengo dentro y aún así no lo lograra... si hubiera peleado, sufrido, sacrificado mil satisfacciones, si me hubiera exprimido al máximo, tal como otras veces y aún así fracasara... no soportaría mirar atrás y no ver más que mi pellejo hecho trizas.
Es estúpidamente cobarde, lo sé.

Ilustración de Eli_zzz (Flickr).

4 de agosto de 2008

La historia de las cosas

¿Nunca os habéis preguntado cómo demonios les puede salir rentable a los asiáticos vender radios a tres euros? (digo asiáticos por lo de made in China, Japan, Taiwan, etc) En el blog de Abraham encontré este vídeo. Cuando este calor sofocante os dé 20 minutejos de respiro dadle al play. Explica cómo funciona la economía a grandes rasgos. Creo que es ameno, simple y claro.
A ver qué os parece.

Sé que estoy de lo más sosa pero estos días no se me puede exigir mucho. Ando en plena némesis y catarsis. Intentando destruir (despedazar, destripar, despellejar) de una vez por todas lo que es el mayor de mis problemas. Es complicado cuando está dentro de tu cabeza. Dice el diccionario que catarsis es deshacerse de lo que daña la conciencia o el equilibrio nervioso. Equilibrio nunca tuve, y nervioso menos. Es curioso cómo tropezamos una y otra vez con la misma piedra, las mismas personas. Me paso gran parte de mi vida intentando contentar a mis padres cayendo una y otra vez en su chantaje emocional. De pequeña leía a escondidas porque sólo estaba bien si eran libros de clase. Siempre es mejor otro, siempre se me puede exigir más, nunca es suficiente, todo es mejorable... Por desgracia soy bastante manejable, me adapto (será para amortiguar los golpes quizás) pero llegó un punto que alguien me abrió los ojos. Y es que ni vivo como me gustaría vivir, siempre pendiente de que todo sea correcto, que todo les sea lo más fácil posible. Al final lo que he conseguido es que de cualquier cosa se haga un drama. Si llego una hora tarde se me monta una como si llegara borracha y con las bragas en la mano. Da igual que conozcamos veinte parejas que viven juntos sin boda de por medio, ellos hacen bien porque es lo de hoy en día, yo vivo en pecado. El vecino roba en el trabajo pero de todas formas es un buen chaval, yo trabajé porque mi orgullo quiere pagarse la matrícula y lo ocultan porque les da vergüenza que cuide niños o sirva mesas. Y digo yo que por qué tiene importancia que no me guste bailar, qué hay de malo en que no me alise el pelo porque me gusta tal y como es, qué pasa si no me gusta bañarme en el mar pero sí mirarlo... ¿son esas tan malas obras?
Y es que estoy hasta los huevos. Que soy buena gente, demonios, que sólo quiero vivir mi vida, con mis gatos, mi casa, mi música, mis viajes, mis fotos, mis paseos, mi ordenador, mis cosas... y con mi amor, el que me sujeta para que no me ahogue, el que me da sus alas para que vuele y me olvide un rato de toda esta mierda.

Y perdonad la charla.


26 de julio de 2008

Sobre fresas y caracoles

Este vídeo de La fille du consul me ha hecho ponerme ñoña y empalagosa. No tenía a mano al coprotagonista de mi vida, que si no lo acaparaba para mí y le hacía, con achuchones y amenazas, mandar al cuerno la flota del Ogame unas horas.
Advierto que el post es de corazones y palomas arrullando a más no poder.

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Hace casi 5 años andábamos investigando cuánto le gustábamos al otro, para no rompernos todos los huesecillos si nos lanzábamos en picado. Que si ven a mi habitación y charlamos un rato, que si cogernos las manos y ver lo pequeñas que eran, que si un abrazo sobón para despedirnos... pero aquello iba muy lentooooo y yo estaba desesperada perdida. Tras perder mi dignidad después de "tengo una carta para ti, quiero explicarte algunas cosas" (al que le siguió un intercambio de misivas, cada una más surrealista y kafkiana que la anterior) y dado que hacía semanas que yo lo llevaba escrito en la frente pero el otro, miope él, parecía pensar "yo no veo ná", me dije "pues no espero más". Y lo mandé a la mierda. Coño, ya.
Nooooooo...jejeje...ejem. Así que a pocos días para nuestro cumple, en su habitación, le dí uno de mis abrazos sobones de despedida. Aproveché para hacerme con su olor una vez más, para cuando lo echara de menos si todo acababa mal, y al separarnos le besé. Yo lo que quería era un beso rápido, un roce en los labios, un nosequé, y luego mirarle a los ojos y ver un qué sé yo, si le brillaban como quería que brillaran, y esperar a ver que decía, el veredicto final del juez, absuelta o condenada. Condenada a repetirlo por el resto de mis días con todas y cada una de sus innumerables variantes y... ains, que me pierdo. Pero no pude. Él no colaboró, tuvo ideas independientes, eso que parecía tímido, y acabó por ser un beso laaaaargo y sabroso. Me supo a fresas. Tan dulce...
Cuando volví a casa, al bajar del coche, ví un tronco viejo al lado del que me solía sentar lleno de caracoles. Era una noche lluviosa de marzo, había luna llena y los caracoles, un montón, estaban todos fuera de sus casas, moviéndose en un extraño baile con el que realmente no iban a ninguna parte. Siempre me gustaron, llegando al punto de parecer loca ayudándoles a cruzar la acera para que no los pisaran.
Y bueno, perdonad la licencia. Que conste que ya os avisé. Un post de fresas y caracoles.

18 de julio de 2008

¡Viva, vivaaa!

Gracias a Reve me he enterado de que hay un nuevo capítulo de Simon's cat.
¿Cómo no compartirlo?


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17 de julio de 2008

Un día cualquiera

Estaba yo hoy por la mañana sentada en la cama, a lo indio, retrasando como siempre el momento irreversible de poner el pie en el suelo. Pensaba en que para tres que me leen y ya siento remordimientos si tardo demasiados días en escribir cuando Axel, mi gato lelo, se puso detrás mía y con maestría me atizó una meada en toda la espalda. El no ser capaz de cerrar la boca del asombro, la indignación y el chorrete calentito deslizándose es una sensación indescriptible. Suponía que mucho respeto no me tenía cuando hace unas semanas meó mis preciosas zapatillas rosa-chachi (y es que el que avisa no es traidor, dicen...) pero de ahí a que me considere a la altura del edredón o la cortina hay un gran tramo, o debería. Al que tenga gatos y le haya pasado que se solidarize y lo cuente, ¡no hay de que avergonzarse! ¬¬
Me vapuleó primero el gato y después el dentista, en lo que él mismo definió como una cantería, para sacarme la tercera de las cuatro puñeteras muelas del juicio, que salieron todas apuntando a Cuenca. Así que aquí estoy, "meada" , dolorida, por desgracia ya no anestesiada, con antibióticos y antinflamatorios para dar y tomar, quejica y reclamando mimos a cada rato.

Cambiando de tema, desde hace un par de años tengo la bio-conciencia exaltada, y espero que me dure. He dado con The Meatrix, una web que con humor nos cuenta algunas verdades de la industria de la carne. Son tres cortos, aquí encontraréis los dos primeros en español y el otro subtitulado. Siempre es bueno ver otros puntos de vista de lo que creemos que conocemos.

(Si os interesa el tema de los derechos de los animales os recomiendo el libro "Liberación animal", de Peter Singer, un catedrático de Filosofía. Es claro, revelador y tremendamente adelantado a su época, 1975)

2 de julio de 2008

Lo que vemos al mirar

Jonathan Marshall es el único especialista en halcones que vuela con sus propios pájaros.


O eso he leído, quizás haya más capaces de hacerlo... De todas formas me parece fascinante. No me imagino nada más hermoso para compartir con un animal que su libertad, y la tuya de paso. Suelo rayarme pensando en lo diferentes que somos unos de otros. Hay gente incapaz de disfrutar de esas imágenes. No vemos lo mismo. Hay personas a las que les encanta la caza. Yo, que estoy en contra, entiendo de dónde viene esa necesidad, ese instinto de perseguir una presa y capturarla. Muchos juegos se basan en eso y no es más que la huella de un hecho que hace miles de años, y en ciertos lugares aún hoy en día, nos ayudaba a sobrevivir. Pues bien, ¿por qué en la mayoría de los casos, una cosa quita la otra? No entiendo por qué demonios una persona no es capaz de obviar un hobbie y reconocer la belleza. Reconocer la elegancia de un halcón, la ligereza de un ciervo. No comprendo por qué demonios existe un embrutecido que, yendo de caza, ve un gato que acecha un agujero (un topo, una lagartija, atentar contra la curiosidad de un minino no es difícil) y en vez de observar la escena y recrearse en ella (en caso de tener la suficiente sensibilidad) no se le ocurre otra cosa que pegarle un tiro. ¿Por qué si no hacía más que cazar, como él? Lo único que quizás haría pensar al engendro es que el gato podría tener dueño, pero ni eso. Por supuesto de no tenerlo no sería un atenuante pero vamos a ponernos a su altura.
Siento todo este rollazo. Es que me sacan de quicio estas cosas.