Hace unos años, durmiendo en casa de mis padres, me despertaron unos ruidos del exterior. Salí y se trataba del perro que tenían de guardián en una obra cercana. Se había colado por la verja. Fuí hacia él un poco titubeante y cuando lo ví correr hacia mí pensé "me va a comer de un bocado". Era un boxer que se me subía, dándome con sus patas en el pecho, lamiéndome las manos y saltando a mi alrededor. Le dí pienso y agua y luego me acompañó hasta el garage, dónde se quedó tranquilamente hasta el día siguiente. Perros de raza peligrosa, lo llaman. Lo que hace peligroso al perro no es su raza ni su tamaño.Me sorprendió hace días la noticia de que una leona vagaba por la sierra de Tarragona, hambrienta, dispuesta a matar con saña excursionistas entre sus fauces. A mí la cosa me sonó rara. Se escaparía de un circo, pensé. Me temí por la integridad de la "leona" y el tiempo me ha dado la razón. Un perro grande no es sinónimo de perro peligroso, pero hay mucho ignorante suelto. Tampoco se trata de un perro "salvaje", ¿qué coño es eso?. Se trata de un perro sin dueño o callejero pero mola más decir "salvaje" porque acojona más. Estoy tan indignada que se me atragantan las palabras. Os pongo un
link para los que no conocieráis la noticia y la carta que escribió
Cristina Pérez Capdet de la Asociación Animalista Libera, que por suerte se expresa mucho mejor que yo. ADIÓS, SCOOBY-DOO
No podía haber sido de otra manera. Nuestros agentes rurales, esas lumbreras que suelen extraviarse cuando van a rescatar, dicen, a algún animal maltratado, se han cargado a Scooby-Doo. Al fin y al cabo, no era una leona no, pero casi, porque pertenecía a la peligrosa raza Gran Danés. Si te conocen o les caes bien, estas fieras te dejan perdido a lametones, te tiran de espaldas con sus abrazos y estresan a los niños de puro rodar con ellos por el suelo. En este caso, el perro-leona, al que los mismos rurales, según el periódico 20 MINUTOS, llamaron Scooby-Doo por su parecido al personaje animado, había actuado de forma alarmante. Al ser visto por algunos paseantes, pasó de largo lo más lejos posible, sin saludarlos. Y luego, al aproximarse a una granja llena de animales vivos, optó por sacar dos pollos muertos del container y comérselos, toda una falta de respeto a los fallecidos. Un salvaje el animal, o “asalvajado”, como lo calificaron los pistoleros del uniforme lechuga. Y es que, aunque el adjetivo correcto es “asilvestrado”, pues en Catalunya no tenemos selva, el primero mola más, que suena a perro malo, muy malo, merecedor de lo que se le venía encima.
De hecho, nuestras áreas forestales están llenas de scooby-doos, lassies, y hasta de doráimons y silvestres, temibles bandoleros que un día tuvieron un hogar y que de vez en cuando se abalanzan contra la ristra de chorizos de algún excursionista y la secuestran. Suelen hacerlo para no morir de hambre, los muy sinvergüenzas, porque de hambre o de soledad es de lo que acaban muriendo casi todos. Excepto los pocos que tienen la oportunidad de ser rescatados; a esos ahora los muelen a tiros. Y es que los dardos anestésicos iban a tardar demasiado en hacer efecto y, como admitió el portavoz de los agentes rurales sin que se le cayera el morro, se nos venía encima el puente del Pilar. O sea, despacha al bicho, Manel, que si no, nos quedamos sin vacaciones.
Cristina Pérez Capdet,
Asociación Animalista LIBERA
Edito: y pongo el dibujo animado simplemente porque así de contento quiero imaginarme al perro-leona ahora.