Este vídeo de La fille du consul me ha hecho ponerme ñoña y empalagosa. No tenía a mano al coprotagonista de mi vida, que si no lo acaparaba para mí y le hacía, con achuchones y amenazas, mandar al cuerno la flota del Ogame unas horas.
Advierto que el post es de corazones y palomas arrullando a más no poder.

Hace casi 5 años andábamos investigando cuánto le gustábamos al otro, para no rompernos todos los huesecillos si nos lanzábamos en picado. Que si ven a mi habitación y charlamos un rato, que si cogernos las manos y ver lo pequeñas que eran, que si un abrazo sobón para despedirnos... pero aquello iba muy lentooooo y yo estaba desesperada perdida. Tras perder mi dignidad después de "tengo una carta para ti, quiero explicarte algunas cosas" (al que le siguió un intercambio de misivas, cada una más surrealista y kafkiana que la anterior) y dado que hacía semanas que yo lo llevaba escrito en la frente pero el otro, miope él, parecía pensar "yo no veo ná", me dije "pues no espero más". Y lo mandé a la mierda. Coño, ya.
Nooooooo...jejeje...ejem. Así que a pocos días para nuestro cumple, en su habitación, le dí uno de mis abrazos sobones de despedida. Aproveché para hacerme con su olor una vez más, para cuando lo echara de menos si todo acababa mal, y al separarnos le besé. Yo lo que quería era un beso rápido, un roce en los labios, un nosequé, y luego mirarle a los ojos y ver un qué sé yo, si le brillaban como quería que brillaran, y esperar a ver que decía, el veredicto final del juez, absuelta o condenada. Condenada a repetirlo por el resto de mis días con todas y cada una de sus innumerables variantes y... ains, que me pierdo. Pero no pude. Él no colaboró, tuvo ideas independientes, eso que parecía tímido, y acabó por ser un beso laaaaargo y sabroso. Me supo a fresas. Tan dulce...
Cuando volví a casa, al bajar del coche, ví un tronco viejo al lado del que me solía sentar lleno de caracoles. Era una noche lluviosa de marzo, había luna llena y los caracoles, un montón, estaban todos fuera de sus casas, moviéndose en un extraño baile con el que realmente no iban a ninguna parte. Siempre me gustaron, llegando al punto de parecer loca ayudándoles a cruzar la acera para que no los pisaran.
Y bueno, perdonad la licencia. Que conste que ya os avisé. Un post de fresas y caracoles.
Advierto que el post es de corazones y palomas arrullando a más no poder.
Hace casi 5 años andábamos investigando cuánto le gustábamos al otro, para no rompernos todos los huesecillos si nos lanzábamos en picado. Que si ven a mi habitación y charlamos un rato, que si cogernos las manos y ver lo pequeñas que eran, que si un abrazo sobón para despedirnos... pero aquello iba muy lentooooo y yo estaba desesperada perdida. Tras perder mi dignidad después de "tengo una carta para ti, quiero explicarte algunas cosas" (al que le siguió un intercambio de misivas, cada una más surrealista y kafkiana que la anterior) y dado que hacía semanas que yo lo llevaba escrito en la frente pero el otro, miope él, parecía pensar "yo no veo ná", me dije "pues no espero más". Y lo mandé a la mierda. Coño, ya.
Nooooooo...jejeje...ejem. Así que a pocos días para nuestro cumple, en su habitación, le dí uno de mis abrazos sobones de despedida. Aproveché para hacerme con su olor una vez más, para cuando lo echara de menos si todo acababa mal, y al separarnos le besé. Yo lo que quería era un beso rápido, un roce en los labios, un nosequé, y luego mirarle a los ojos y ver un qué sé yo, si le brillaban como quería que brillaran, y esperar a ver que decía, el veredicto final del juez, absuelta o condenada. Condenada a repetirlo por el resto de mis días con todas y cada una de sus innumerables variantes y... ains, que me pierdo. Pero no pude. Él no colaboró, tuvo ideas independientes, eso que parecía tímido, y acabó por ser un beso laaaaargo y sabroso. Me supo a fresas. Tan dulce...
Cuando volví a casa, al bajar del coche, ví un tronco viejo al lado del que me solía sentar lleno de caracoles. Era una noche lluviosa de marzo, había luna llena y los caracoles, un montón, estaban todos fuera de sus casas, moviéndose en un extraño baile con el que realmente no iban a ninguna parte. Siempre me gustaron, llegando al punto de parecer loca ayudándoles a cruzar la acera para que no los pisaran.
Y bueno, perdonad la licencia. Que conste que ya os avisé. Un post de fresas y caracoles.

9 dijeron miau:
RrrrRRRRRRRRrrrrr.....
(ronroneo:)
Jajaajja... Quérote, micho.
(Perdonen el baboseo parejil)
:DDD
Pero qué bonito!! Así da gustoo! Parece que no es la primavera, sino el verano, lo que nos hace ponernos tiernosss... últimamente muchos bloggers están de un cariñoso... qué bonito!
Besos babosos a ambos... que ya que estoy, me uno al baboseo!
Nür
Pues es verdad que muchos están tontorrones... no me había dado cuenta, será por eso (que nunca creí) de que andamos más ligeritos de ropa?
Lo digo así bajito, para que no se me oiga demasiado...
(Y que se meta dios el cielo por el culo...)
Oooohhhh... es de lo mejor que podías decir :)
(y además tienes razón)
Efectivamente, estamos todos de un pasteloso que damos bastante asquito...
;)
Y dicho esto... 5 años, huala!! Enhorabuena!! ^^
Ains esto del veranito..las hormonas se revolucionan y...ya se sabe. La primavera es sólo el comienzo...
Me ha encantado este post super super dulce...
Qué bonito es el amore!!!que lo disfrutes!!
MUACK
Zorrocloco, Patri, muchas gracias a los dos :)
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