24 de mayo de 2009

Si llegamos a estar sin civilizar...

Me prometí a mí misma no escribir posts deprimentes, por lo menos más de dos seguidos, pero es que no me dejan.

El jueves por la noche, como casi siempre, dejé salir a mis gatos a la calle. Vivo en una urbanización más o menos tranquila y pesan más los pros que los contras del paseo nocturno. Algunos me llamarán irresponsable, hasta yo me siento así a veces, pero los considero animales salvajes en eterno proceso de domesticación y... disfrutan tanto oliendo cada hierbecilla, echando carreras, investigando, experimentando... Bueno, el caso es que el gato parlanchín volvió al poco rato pero el malote no. A las dos de la mañana yo ya estaba desesperada y hecha un mar de lágrimas porque adivina no soy pero tengo una intuición que ya la quisiera alguno de los que se anuncian en los periódicos. Además habían pasado cosas durante el día que me daban mala espina: un vecino había montado en cólera en medio de la calle porque su flamante SLK 230 tenía huellas de gato en el capó. Yo mirando los futuros girasoles de mi jardín, callada como una cobarde, y el tío diciendo que se los iba a cargar y cagándose en todo. No sé si sabía que yo lo estaba escuchando. Y es que parece que en cinco km a la redonda solo están mis gatos, que no ve que a la izquierda hay un montón de casas de dónde pueden venir otros gatos, y tampoco conoce la colonia de mininos que hay en unos bloques cercanos. Eran los míos y punto. No es que yo le esté "echando la culpa" a otros gatos, para nada, me importa una mierda su maldito y ostentoso coche, me importa un huevo su brillante capó. Lo que me importa es que se líe a escobazos con un animal, sea mío o no, que no sabe que hace mal por cuatro putas huellas. ¿Qué hará cuando se lo cague un pájaro? La calle no es de nadie y es de todos. ODIO a los que no son capaces de asimilar que el ser humano no es el dueño, amo y señor. A los que creen que tooodo debe de funcionar para hacerles la vida fácil y cómoda, sin tener en cuenta a los demás animales. Por otra parte digo yo que lo normal si tienes ese problema es ir a hablar con la dueña, se supone que somos civilizados.

A las dos salí de casa y recorrí todas las calles más cercanas, hasta me jodí un brazo rebuscando en los contenedores, pensé que ese tío, de haberle hecho algo, lo habría tirado en alguno. Y allí estaba yo, con un palito dándole a las bolsas, esperando que no cediera como un peluche. Horrible. Por cierto, no os recomiendo que hagáis eso, salir a esas horas solos.

Bueno, el resultado es que no vi a mi gato, ni atropellado por las calles ni en los contenedores, lo que no sabía si era buena señal o no. Estuve hasta las cinco de la cama a la ventana. Sobre las cinco y media me asomé a la ventana de nuevo. Ninguna mancha negra con rabo-croqueta por los alrededores. Me puse a mirar la vela que había encendido hacía horas, que yo en dios no creo pero en fuerzas y energías y en los que ya no están pues sí. Me senté en el suelo e intenté concentrarme en otra cosa que no fuera su imagen, lo veía de todas las formas posibles. Recordaba imágenes e inventaba otras. Lo veía esperando pacientemente a que Axel acabara de comer para comer él después, aunque es el dominante y podría imponerse no lo hace. Lo veía atropellado en algún lugar, aún vivo y sin poder moverse. Lo veía saliendo a todo dar del cuarto de baño, porque lo había pillado, una vez más, bebiendo de la taza del váter, el muy cochino. Lo veía molido a palos. Haciendo equilibrios hasta subirse al estante más alto de la poco fiable estantería. No me importaba quedarme sin gato, es lo de menos lo que yo llorara o sufriera. Lo que me dolía era su dolor, el que podía pasar. Debe ser tan triste morir solo. Al final sólo quería que, de estar muerto, que no hubiera sufrido. A veces lloro tan amargamente que yo misma me sorprendo de que aún no sepa vivir en este mundo. Miré por la ventana de nuevo y lo llamé, con todos los sonidos que él conocía. Enseguida me contestó, estaba en la puerta aunque desde la ventana no podía verlo. Maulló, un sonido extraño. Bajé volando y le abrí la puerta. "Pasa". "A ver, hombre". "Hey...". Y entró, dió dos pasos y se acostó. Fue tan horrible verlo cuando la luz lo iluminó. La forma de andar, medio arrastrando la pierna, su expresión, su actitud totalmente rendida. Me fije que tenía casi todas las uñas rotas. Mejor paso de ahondar en detalles. Le dí todos los besos que pude, con cuidado de no moverlo y llamé a urgencias. Las clínicas se rotan las urgencias. Por desgracia esa noche no le tocaba a mi veterinario habitual sino a un hijo de puta que no se quiso levantar de la cama a atenderme. En ese momento yo no sabía si tenía una pequeña fractura, alguna lesión interna, alguna vértebra machacada o si faltaban cinco minutos para que muriera. El tío dedujo que si estaba consciente no había problema y podía esperar. Todo ésto mientras oía sus maullidos al estar intentando levantarse. Yo sólo sé que ese imbécil hablaba con acento francés o algo parecido. Esta semana pienso enterarme qué clínica era la que atendía el jueves y que reze para que no tenga jefe. Bueno, que reze aunque no lo tenga.
Lo tuve que llevar a una clínica de las afueras, por suerte tengo coche, la policía no me dejó pasar un semáforo en rojo en una calle dónde no pasaba ni dios, y no había un puto sitio dónde dejar el coche cuando llegamos.
Por suerte sólo tiene un golpe en el abdomen y una cadera rota, podía haber sido mucho peor pero yo no paro de llorar. Por el golpe en la barriga se ve que no fue un atropello. Es un hematoma redondo y por eso y por el sitio me coincide perfectamente con una patada. Es posible que se cayera desde algún sitio y se golpeara con algo pero... yo estoy convencida que fue una persona. No creo que fuese ese vecino, pues no habría tardado cinco horas en llegar a mi casa a pesar de que tenía que parar cada tres pasos.

Si alguien cuenta que una persona le destrozó la mesa del jardín a golpes todos se harán cruces y exclamarán y... si dice que le pegó a su gato... no es para tanto. Si yo cuento que anduve cinco horas con la cadera rota, arrastrándome hasta llegar a mi casa saldré en los periódicos, si es un gato... pocos entenderán.

Estoy muy decepcionada, muy triste y tremendamente débil mentalmente. No sé si existirá el lugar en el que yo pueda vivir en paz. No sé si habrá un sitio lo suficientemente alejado.

Perdonadme, es una mierda de post pero o lo cuento o reviento.

5 dijeron miau:

Aïcha dijo...
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Nür dijo...
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Indo dijo...
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abisal dijo...
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peibol dijo...
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