26 de mayo de 2009

El junco trémulo

Hoy ha sido mi primera vez.
Me he estrenado. Así, con un par. Bueno, con eso y con una de Lexatin que me tomé a escondidas antes de salir de casa.

La cosa pintaba bien. Había practicado el fin de semana y los objetivos estaban cumplidos:
-Decidir que no me imaginaría a los oyentes desnudos por muy famoso que sea ese truco para hablar en público. Sería como darle una metralleta a mi imaginación, con la tapa de la lata de atún ya es suficientemente peligrosa. Como mucho y sólo en caso de extrema necesidad pensaría que les faltaba un calcetín.
-Decir especificidad sin tartamudear, todo seguido y sin comerme sílabas. No es tan fácil. Repetid en voz alta: especificidad (¿Os ha salido? cagüen...)
-Levantarme con anticipación para convertir el desayunar-vestirse-peinarse en un ritual sanador-purificador-magnético-espiritual de inducción a mi parto dialéctico. Además había aprovechado para rogar a los dioses del software y del hardware que no sucumbieran hasta "después de" a esas orgías dionisíacas y enológicas, llenas de Sodoma y Gomorra de las que había oído hablar.
-Memorizar cúal era la flechita que había que pulsar para pasar diapositiva (derecha, no abajo, derecha, no abajo)
-Posesión del papelito-chuleta.

No estaba muy orgullosa de ellos, pero esos son.

Recapitulación de los hechos: desayunar leeeentamente, jugar con el gato sano en la cama diez minutos, rascarle la barriga cinco minutos más, vestirme y ponerme los pantalones de siempre (esos que se me caen a un palmo del ombligo nada más levantarme), peinarme y usar precisamente ese día un producto nuevo para el pelo (parecía que me había lamido una vaca), visitar al gato hospitalizado en el cuarto de la lavadora y, como no, llegar tarde al repaso que le íbamos a dar antes de entrar en el aula.

Escaneo de la sala de tortura, mi cerebro registra dos puertas y un ventanal para posible huída, al profesor de Microbiología también lo detecta (con lo bueno que está como para no hacerlo).
Qué subidón traigo, dios santo... Nos sentamos. Empieza otro grupo. Despliegue de tecnicismos, gráficas y tablas. Vamos a parecer de parvulario con mi fotito de la trucha arcoiris. Turno de preguntas. ¿¿Hay turno de preguntas?? NoOoOoOoooo... ains, déjate los dramatismos. Otro grupo a la palestra.

-Bueno, por lo menos los de mi grupo no se dan cuenta de que estoy atacada, -pienso mientras intento dejar de hiperventilar y relajar los abdominales, que los tenía pegados a las vértebras- de hecho, -me envalentono- igual nadie se da cuenta.

Me pasan la hoja de asistencia, mi compañera me ofrece un boli, yo le doy la hoja de nuevo, le cojo el boli, se me cae la tapa, le quito la hoja y después de darle vuelta y vuelta como si la estuviera haciendo a la plancha me pongo a garabatear lo que parece mi nombre. Estoy disimulando jodidamente bien. Mi otro compañero, que por si no le ha bastado lo anterior ve mis manos aletear con estertores de paloma recién atropellada, sentencia:
- Estás nerviosa.

Toca otro grupo. "¿Voluntarios?". Nos miramos, miramos a un lado y otro, nos miramos...

-Vamos- digo. Sí, yo tampoco me lo creía. Me levanto y se me paran los pantalones en las caderas, ombligo al aire hasta el estrado.

Subo pantalones
media vuelta, ar!
bajo camiseta

Mira, parece un haiku.

- Bueeeeno, -nunca empecéis una exposición así- vamos a comentaros cómo mediante una PCR multiplex podemos...

Y así empecé. No me tembló la voz tanto como esperaba pero sí las manos, y encima lo veía cada vez que pasaba la diapositiva. Mis compañeros estaban mucho más relajados y camuflaron un poco esa aura de "estoy en bragas" que destilaba yo.
Turno de preguntas. Pregunta el profe algo sencillo (ésto lo supe después) expresado de mala manera. Silencio... Más silencio... El de mi derecha no se lo sabía, yo tampoco, miro a la de mi izquierda, sale mi parte canalla y dice bajito (bajitobajito, que una es canalla pero no tanto):
-Esa es de tu parte, ¿no?.
Al final la sacaron entre ellos dos. Hizo dos preguntas más. Una directa para mí, facilita, y otra complicada en la que quedé como dios :)

¿Qué tal lleváis lo de hablar en público?

P.D. Malote mejora. Está tan espabilado que va a haber que bajarle el calmante para que se esté más quietecito y la fractura cicatrize bien.

24 de mayo de 2009

Si llegamos a estar sin civilizar...

Me prometí a mí misma no escribir posts deprimentes, por lo menos más de dos seguidos, pero es que no me dejan.

El jueves por la noche, como casi siempre, dejé salir a mis gatos a la calle. Vivo en una urbanización más o menos tranquila y pesan más los pros que los contras del paseo nocturno. Algunos me llamarán irresponsable, hasta yo me siento así a veces, pero los considero animales salvajes en eterno proceso de domesticación y... disfrutan tanto oliendo cada hierbecilla, echando carreras, investigando, experimentando... Bueno, el caso es que el gato parlanchín volvió al poco rato pero el malote no. A las dos de la mañana yo ya estaba desesperada y hecha un mar de lágrimas porque adivina no soy pero tengo una intuición que ya la quisiera alguno de los que se anuncian en los periódicos. Además habían pasado cosas durante el día que me daban mala espina: un vecino había montado en cólera en medio de la calle porque su flamante SLK 230 tenía huellas de gato en el capó. Yo mirando los futuros girasoles de mi jardín, callada como una cobarde, y el tío diciendo que se los iba a cargar y cagándose en todo. No sé si sabía que yo lo estaba escuchando. Y es que parece que en cinco km a la redonda solo están mis gatos, que no ve que a la izquierda hay un montón de casas de dónde pueden venir otros gatos, y tampoco conoce la colonia de mininos que hay en unos bloques cercanos. Eran los míos y punto. No es que yo le esté "echando la culpa" a otros gatos, para nada, me importa una mierda su maldito y ostentoso coche, me importa un huevo su brillante capó. Lo que me importa es que se líe a escobazos con un animal, sea mío o no, que no sabe que hace mal por cuatro putas huellas. ¿Qué hará cuando se lo cague un pájaro? La calle no es de nadie y es de todos. ODIO a los que no son capaces de asimilar que el ser humano no es el dueño, amo y señor. A los que creen que tooodo debe de funcionar para hacerles la vida fácil y cómoda, sin tener en cuenta a los demás animales. Por otra parte digo yo que lo normal si tienes ese problema es ir a hablar con la dueña, se supone que somos civilizados.

A las dos salí de casa y recorrí todas las calles más cercanas, hasta me jodí un brazo rebuscando en los contenedores, pensé que ese tío, de haberle hecho algo, lo habría tirado en alguno. Y allí estaba yo, con un palito dándole a las bolsas, esperando que no cediera como un peluche. Horrible. Por cierto, no os recomiendo que hagáis eso, salir a esas horas solos.

Bueno, el resultado es que no vi a mi gato, ni atropellado por las calles ni en los contenedores, lo que no sabía si era buena señal o no. Estuve hasta las cinco de la cama a la ventana. Sobre las cinco y media me asomé a la ventana de nuevo. Ninguna mancha negra con rabo-croqueta por los alrededores. Me puse a mirar la vela que había encendido hacía horas, que yo en dios no creo pero en fuerzas y energías y en los que ya no están pues sí. Me senté en el suelo e intenté concentrarme en otra cosa que no fuera su imagen, lo veía de todas las formas posibles. Recordaba imágenes e inventaba otras. Lo veía esperando pacientemente a que Axel acabara de comer para comer él después, aunque es el dominante y podría imponerse no lo hace. Lo veía atropellado en algún lugar, aún vivo y sin poder moverse. Lo veía saliendo a todo dar del cuarto de baño, porque lo había pillado, una vez más, bebiendo de la taza del váter, el muy cochino. Lo veía molido a palos. Haciendo equilibrios hasta subirse al estante más alto de la poco fiable estantería. No me importaba quedarme sin gato, es lo de menos lo que yo llorara o sufriera. Lo que me dolía era su dolor, el que podía pasar. Debe ser tan triste morir solo. Al final sólo quería que, de estar muerto, que no hubiera sufrido. A veces lloro tan amargamente que yo misma me sorprendo de que aún no sepa vivir en este mundo. Miré por la ventana de nuevo y lo llamé, con todos los sonidos que él conocía. Enseguida me contestó, estaba en la puerta aunque desde la ventana no podía verlo. Maulló, un sonido extraño. Bajé volando y le abrí la puerta. "Pasa". "A ver, hombre". "Hey...". Y entró, dió dos pasos y se acostó. Fue tan horrible verlo cuando la luz lo iluminó. La forma de andar, medio arrastrando la pierna, su expresión, su actitud totalmente rendida. Me fije que tenía casi todas las uñas rotas. Mejor paso de ahondar en detalles. Le dí todos los besos que pude, con cuidado de no moverlo y llamé a urgencias. Las clínicas se rotan las urgencias. Por desgracia esa noche no le tocaba a mi veterinario habitual sino a un hijo de puta que no se quiso levantar de la cama a atenderme. En ese momento yo no sabía si tenía una pequeña fractura, alguna lesión interna, alguna vértebra machacada o si faltaban cinco minutos para que muriera. El tío dedujo que si estaba consciente no había problema y podía esperar. Todo ésto mientras oía sus maullidos al estar intentando levantarse. Yo sólo sé que ese imbécil hablaba con acento francés o algo parecido. Esta semana pienso enterarme qué clínica era la que atendía el jueves y que reze para que no tenga jefe. Bueno, que reze aunque no lo tenga.
Lo tuve que llevar a una clínica de las afueras, por suerte tengo coche, la policía no me dejó pasar un semáforo en rojo en una calle dónde no pasaba ni dios, y no había un puto sitio dónde dejar el coche cuando llegamos.
Por suerte sólo tiene un golpe en el abdomen y una cadera rota, podía haber sido mucho peor pero yo no paro de llorar. Por el golpe en la barriga se ve que no fue un atropello. Es un hematoma redondo y por eso y por el sitio me coincide perfectamente con una patada. Es posible que se cayera desde algún sitio y se golpeara con algo pero... yo estoy convencida que fue una persona. No creo que fuese ese vecino, pues no habría tardado cinco horas en llegar a mi casa a pesar de que tenía que parar cada tres pasos.

Si alguien cuenta que una persona le destrozó la mesa del jardín a golpes todos se harán cruces y exclamarán y... si dice que le pegó a su gato... no es para tanto. Si yo cuento que anduve cinco horas con la cadera rota, arrastrándome hasta llegar a mi casa saldré en los periódicos, si es un gato... pocos entenderán.

Estoy muy decepcionada, muy triste y tremendamente débil mentalmente. No sé si existirá el lugar en el que yo pueda vivir en paz. No sé si habrá un sitio lo suficientemente alejado.

Perdonadme, es una mierda de post pero o lo cuento o reviento.

13 de mayo de 2009

Lucha de Gigantes