lunes, 13 de septiembre de 2010

Tordesillas 2010: cuando no se usa el cerebro.

Cuando no se usa el cerebro se ahorcan la ética, la moralidad, la compasión, la bondad... y todo lo que nos hace ser, simplemente, buenas personas. Eso ocurre año tras año en Tordesillas.

Se trata de una celebración que ni siquiera todos los taurinos defienden. Consiste en que una manada de bárbaros persigue a un toro y lo lancea hasta que muere. ¿Por qué? Porque mola.


¿A que sí? ¿A que mola? Somos el único animal que torturamos a otros siendo conscientes del daño que causamos. Si para mantener el título hay que tirar a una cabra del campanario o hacerle putaditas a un toro pues se le hace. Que para empezar el toro no se queja, así que si el está conforme a qué coño se meten los antitaurinos. Porque, vamos a ver, tú le haces eso a un perro y el perro se queja, y si te sale bravo te mete una dentellada. Se lo haces a un gato y al segundo te cruza la cara de un zarpazo, que digo yo que tampoco es para ponerse así. Vamos, que te das cuenta de que no les va el rollo. Pero el toro no dice ni mú. En serio. ¿Cuándo has visto tú a un toro quejarse? El toro nunca grita, por eso es más fácil hacerle estas cosas, que los berridos desconcentran, oyes, por eso no se hace con monos, no veas la que arman los condenados. Por ésto que digo tenemos inmunidad frente al toro. Y es que menos mal que nos dejan desahogarnos con ellos, que ahora te ven pegándole al perro o a la parienta y ya te cae una. 

Unas veces los mata un señor con pantalones bien ceñidos  (mira qué grandes tengo los huevos con sólo tres calcetines), mucha lentejuela y un trapo en la mano. La cosa va de posturitas con el culo apretao y cara de qué macho soy. Cuando el toro empieza a vomitar sangre el espectáculo decae y ya es mejor que entre otro. En otros lados les atan antorchas a los cuernos. Al toro no le quema, no, que  treinta centímetros son suficientes para que le calor no le llegue, que los que lo hacen no son animales, oigausté, que también se preocupan por el toro. También hay celebraciones donde se le tira al mar (don't worry, saben nadar, un poco), les tiran dardos o se le hace lo que surja.

Y es que las tradiciones hay que cuidarlas y no acabar con ellas como prentenden los pirados de los ecologistas. A esos sí que los lanceaba yo. Que tenían que dejarse de tanto plantar árboles y criar osos y linces y preocuparse más por los negros esos de África, que ya los ves en el telediario qué mal están, que yo por ellos tampoco hago nada, es cierto, pero por lo menos no estoy por ahí aguando la fiesta a las buenas gentes.

Además resulta que les trae beneficios económicos al pueblo, lo de Tordesillas, que entre los que van para perseguir al toro y los que van para la manifestación antitaurina  se deja un buen dinero. Y eso es suficiente, ¿no? El dinero es lo único que importa. Que seguro que que si los pobres tordesillanos no ingresan esas monedas se morirán de hambre, que el trabajo está muy mal y seguro viven el resto del año de lo que ganan esos días.  Menos los que no tienen bares, claro, a esos ni les va ni les viene. 

Y ahora que lo pienso... qué suerte tenemos. Es que es raro que aún no hayan prohibido el asunto, que cada vez restringen más las cosas de la sangre y del  asco y de todo eso. Y además la declararon fiesta de interés turístico. Este año me voy allí con la familia.  Con la abuela y los niños, iremos temprano para coger primera fila. Y comeremos palomitas mientras salpica la sangre. 

Sí que mola, sí...

Estoy triste. Y enfadada. Pero sobretodo triste. Otro año más la mierda ésta. Año tras año la gente se manifiesta en contra pero aunque salen en los medios ningún político escucha. Cada año muchos se juegan el tipo para conseguir imágenes pero parece que no impresionan a nadie. O sólo a los mismos de siempre. A los que cada año protestan de una u otra forma en contra de lo que hacen los salvajes de Tordesillas. Un toro avanza a trompicones con una lanza clavada en el vientre. Cuando se desploma le claan alguna más. Y el que no tiene lanza le da patadas, que igual se levanta y se pueden seguir haciendo pajas mientras le putean otro ratito. Pero todo ésto carece de importancia. Lo único que importa es el paro, y mira qué hizo Zapatero, y mira qué dice la oposición, y mira que chachi que somos campeones del mundo, y que los chinos lo invaden todo pero bajo a comprarles un tupper, y que el novio de la vecina lleva rastas, dóndevamosaparar. Nada más importa. Ah, también que son cabrones los catalanes, que no quieren a Egpaña ni a los egpañoles, qué se habrán creído los jodíos. Que es una tradición y hay que respetarla. Igual que se respeta la ablación o la lapidación a las adúlteras (si la culpa es de los padres...).

A la mierda todos ellos. Que la libertad de un individuo acaba mucho antes de dónde empieza la tortura de otro. Que ahora todos se han vuelto rojos y claman al cielo en defensa de la libertad de elegir y no sé qué más, que a ver si porque a uno le guste ver como apedrean a su jefe lo van a permitir. A la mierda todos ellos, malditos salvajes.

2 comentarios:

  1. No soporto ver estas cosas. Sólo la primera foto me hace llorar ya. Qué impotencia, qué frutración... Qué bien puesta la etiqueta de "Tanto gilipollas y tan pocas balas". :_((

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  2. El consuelo que nos queda es que cada vez más gente entiende que no podemos permitir ese tipo de cosas. Eso sí, mucho consuelo voy a necesitar como declaren el toreo bien de interés cultural, que le andan detrás... Gracias por escribir.

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