martes, 30 de noviembre de 2010

Lost

Hace un frío que bien podría congelar el infierno. Los gatos llevan semanas asomándose al jardín a regañadientes, y cuando vuelven lo hacen en modo pompón, totalmente erizados y despeluchados, deseando acostarse en su mantita.

Ando preocupada por un gato que he conocido hace unas semanas. Me lo encontré un día al lado de casa. Es un cruce entre persa y siamés y me extrañó ver un gato así por la calle. No lleva collar y como no me dejó acercarme pero sí se me quedó mirando, aparqué la bici y le di un buen cuenco de pienso. Se lo comió en cinco minutos, el pobrecico. Llevo un tiempo poniéndole pienso por las noches y siempre se lo come, aunque a veces ni lo veo porque es un poco esquivo, así que deduzco que o no tiene dueño, o lo han abandonado o se ha perdido. Le llamo Melenitas, es un nombre ridículo, ya lo sé. Era eso o Peludín, que fue el que se le ocurrió a mi pareja. Si consigo sacarle una foto espero que alguien se apiade de él y me sugiera cómo llamarle. 

Me preocupa, decía, porque hace mucho frío y creo que esta noche se la ha pasado en la puerta de mi garaje, que es dónde le pongo de comer, por lo que no debe de tener muchas opciones que barajar a la hora de resguardarse. Estoy por ponerle una caja o algo dónde pueda guarecerse. De todas formas hará lo que le venga en gana, los gatos nunca hacen lo que se espera que hagan. Aún estoy aprendiendo a comprenderlos, a ellos y a los humanos que se les parecen.

Dejo un vídeo de Coldplay. Las imágenes son, según tengo entendido, de una serie llamada "Animal, the last revolution". Me ha llamado la atención la dulce e ingenua sensibilidad que expresa. No muestra más que una utopía, ya lo sé, pero a veces... apetece vivir en una aunque sólo sea unos minutos.


Sólo porque esté perdiendo
No significa que esté perdido
No significa que me detendré
No significa que cruzaré


Sólo porque estoy hiriendo
No significa que esté herido
No significa que no obtuve lo que merezco
Ni mejor, ni peor

Solo me perdí
Cada río que he tratado de cruzar
Y cada puerta que he probado, estaba cerrada
Y estoy esperando a que el brillo desaparezca

Podrías ser un gran pez
En un pequeño estanque
Eso no quiere decir que hayas ganado
Porque después podría venir
Uno más grande
Y estarás perdido

Cada río que intentaste cruzar
Cada arma que has sostenido, se disparó
Y estoy esperando hasta que el tiroteo comience
Y estoy esperando a que el brillo desaparezca

Cada río que trataste de cruzar
Cada arma que has sostenido, se disparó
Y estoy esperando a que el tiroteo comience
Y estoy esperando a que el brillo desaparezca

Y estoy esperando a que el brillo desaparezca
Y estoy esperando a que el brillo desaparezca.



Que estemos perdiendo no significa que hayamos perdido. Un abrazo muy fuerte para la indómita, vendrán tiempos mejores, ya verás.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Me gustan los lunes: Caboodle Ranch

Todo comenzó con un señor y una gata que ni siquiera se llevaban bien. Craig Grant vivía con su hijo y la gata de éste en un lujoso apartamento cerca de la playa. Su hijo decidió independizarse y al no poder llevársela, Pepper, la gata, pasó a ser la única compañera de piso de Craig. A él no le gustaban los gatos pero aceptó hacerse cargo. Al principio no se llevaban nada bien pero poco a poco fueron limando asperezas.

Un día se dió cuenta de que la gata había dado a luz a cinco gatitos. ¿Qué hacer? A él no le entusiasmaban los animales y además no quería ver su estupenda casa destrozada. Decidió que los tiraría a la basura. Por suerte su hijo le convenció de que los dejara con la madre ocho semanas y que después los darían en adopción. Durante esas ocho semanas Craig acabó fascinado por las travesuras de los pequeños, descubriendo que cada uno tenía una personalidad única y cuestiones como si arañaban el sofá o rompían las cortinas pasaron a un segundo plano. Cuánto más cariño les iba tomando él a los gatos menos le profesaban los vecinos, bastante molestos con la nueva situación. Cuando Craig descubrió un perdigón en la pata de uno de los gatos y que otro había sido mordido por un pitbull (alentado por su dueño, según sospecha) decidió que tenía que hacer algo. 

Quiso la fortuna que se encontrara el anuncio de la venta de veinte mil metros cuadrados de bosque: fue a ver la finca y, aunque estaba a casi doscientos kilómetros, le encantó. Finalmente acabó comprando aún más terreno haciendo un total de cien mil metros cuadrados. 

Instaló una caseta como las típicas que hay en las obras. Colocó una gatera, estantes acolchados y se mudó allí en el 2003 con un total de 11 gatos. Siguió recogiendo gatos abandonados y en malas condiciones y en el 2004 ya eran 22.  Hoy en día son varios centenares. 


Según cuenta Craig en su web, ya no le preocupan los muebles caros o las vistas a la playa de su caro apartamento. Dice que sus gatos son lo más valioso que tiene, que le han dado cariño a pesar de traer historias muy tristes de maltrato y abandono. 

En Caboodle Ranch no están en pequeñas jaulas como en otros sitios, sino que están en semilibertad en el medio de un terreno inmenso. Además les ha construido madrigueras (de las que a veces son expulsados)

y también casetas en los árboles a dónde trepan sin problema.



Por otra parte, pienso que quizás porque una parte de los gastos se cubren con donativos y abriendo el refugio a los visitantes, tiene una serie de casitas y estructuras de utilidad más estética que práctica.

Un resort a orillas del lago

Un molino 

Una iglesia

Una zona residencial

Se sostiene gracias a los visitantes, su tienda, las donaciones y el trabajo de los voluntarios.
¿Qué decir?

Buen trabajo, Craig.




Edito, Mayo 2014: Gracias a un comentarista me entero que PETA a intervenido en el Caboodle Ranch. En principio me indigné. ¡Cómo se les ocurre! En su página web encontré el motivo. Aquí podéis ver el vídeo de cómo estaban algunos de los gatos del "Santuario".

http://www.peta.org/videos/caboodle-cat-ranch-expos-no-kill-hell-2/


sábado, 6 de noviembre de 2010