domingo, 25 de diciembre de 2011

Piensa como gato

En general todos los que tenemos animales tenemos puntos en común en nuestra forma de ser. Si nos centramos en la gente a la que nos gustan especialmente los gatos teóricamente esos puntos en común se multiplican. No siempre sucede. Si bien ya hay una diferencia sustancial entre gente que tiene animales y gente que realmente los quiere y respeta, también hay diferencias significativas entre la gente que tiene gatos. Vaya por delante que no me creo maestra de nada, ni creo que mi forma de pensar sea la correcta y verdadera ni nada de eso.

Conocí a una pareja que tiene una gata. La gata es huidiza y cambiante. Tanto puede buscar tus caricias u olerte toda interesada como darle el aire del norte y pegarte un bocado para luego salir corriendo. Le contaba el otro día a un amigo que me da la sensación de que muchas veces nuestros animales son espejos de nosotros mismos, o por lo menos de la convivencia. Si nosotros somos estables y serenos los animales  lo serán también, dentro de las características propias de cada animal, los hay más activos y los hay más tranquilos.

No estoy segura de si soy la más adecuada para predicar esta teoría. Tengo un gato que huye de los extraños y solo se acerca tras un rato de tanteo. Eso sí, después es un cachito de pan. El otro es un osado que se mete hasta dentro del maletín del técnico de la caldera. Por supuesto él decide cuando y donde le acaricias, si es que se digna a dejarte. Luego se irá para un sitio donde no se le moleste demasiado. A pesar de las peculiaridades de cada uno son gatos tranquilos y predecibles.

Bien, todo ésto viene a cuento porque me chocaron un par de actitudes a la hora de tratar a la gata, que para mi forma de ver, no son más que ganas de complicar las cosas. Tres ejemplos breves:
-En un piso sin calefacción (estamos en diciembre, norte de España) los allí reunidos estamos en el salón, único sitio de la casa que tiene una pequeña estufa. La puerta está cerrada, nosotros dentro, la gata fuera. ¿Por qué? Las tres parejas que allí estábamos tenemos gatos, se anula la posibilidad de que fuese por si a alguna le molestaba que la gata estuviese por allí. Fuí al baño y tras casi congelarme en el pasillo dejé la puerta del salón entreabierta al volver y el pobre animal entró, para cuando se dieron cuenta ya estaba ovillada en su camita. 
-La gata estaba durmiendo en su camita. A la dueña le apetece tenerla en el regazo. Le pide al chico que se la pase. 
-Cuando la dueña se cansa de ella la gata vuelve a su camita. Se pone a hacer el movimiento de amasar, ya sabéis, como hacen de bebés en las mamas de la madre. El chico le riñe. Me explica que eso es como un niño que se chupa el pulgar. Intento decirle que al niño abusar de chupetes o pulgares puede traerle problemas bucales mientras que que la gata amase no va desatar ninguna tormenta cósmica. 

Las reglas básicas que yo considero a la hora de comportarme con mis animales (y los de los demás), es el respeto y la igualdad. Si yo tengo frío y me encierro en la habitación más caliente de la casa, mis bichos, si quieren, se vienen conmigo al calorcito. Si mis bichos están plácidamente dormidos no los despierto porque a mí me dé la gana de tenerlos en el regazo, como mucho me acerco y les hago unos mimitos. Si el gato está en una silla me busco otra para sentarme, si necesito esa silla determinada me siento con cuidado en el borde, hasta que él decida que se larga. Lo que es muy diferente a que porque soy la humana y me merezco lo mejor lo tire de la silla porque sí. Si estoy haciendo la cama y T. viene a meterse entre las sábanas no le doy gritos ni lo asusto para que se largue (en mi casa no se grita a la mínima), sigo haciendo la cama aunque esté haciendo con ello un sandwich de gato, cuando él quiera se escurre de entre las sábanas y se va. No hay porque hacer un drama con todo. Vale que les riñamos porque se comen las plantas (las que más les gusten habrá que ponerlas en alto), porque arañan las cortinas o porque rascan el sofá (si tenemos o vamos a tener gatos es mejor comprar el sofá de polipiel) pero por amasar... solo falta que también se les riña por ronronear. Si se ponen a amasar, a lamerse el culo, a hacer la croqueta en el medio del pasillo... no se les riñe... se les deja ser gatos. Porque no nos olvidemos, no son ni perros, ni bebés, ni esclavos, ni jarrones, ni plantas. Son gatos.
Ellos piensan como gatos y actúan como gatos, y nosotros debemos de quererles como lo que son, gatos. Dejar que se expresen, crezcan y se desarrollen como lo que son, con las mil y una características que los definen, respetandoles y preguntándonos si nos gustaría que nos trataran como nosotros les tratamos a ellos. De nada sirve darle mimos si se les riñe cada dos por tres por idioteces como comportamientos tipicamente felinos, si sin razón se le niega la entrada a una habitación en la que suele estar o si se le despierta y excita cuando el gato está tranquilo y feliz durmiendo. 

No sé si sólo me pasa a mí o si los demás también véis diferencias que no os gustan en la forma en que otros tratan a sus bichos. Es posible que yo sea demasiado crítica. Yo qué sé.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Lo que comen los chinos...

Estoy cansada y tengo sueño, así que lo que debería ser un post decente va a ser un apunte rápido sobre algo que quería comentar aquí. 

En las últimas semanas he vivido dos veces la misma conversación. Ante mi cara de desaprobación al hablar de que en China comen perro y gato me contestan:

-Es que para ellos es normal, es como nosotros aquí comer ternera o en otros sitios mono, o insectos...

Aunque he estado en contacto con grupos veganos no soy estrictamente vegana, sé que la dieta vegetariana puede ser muy positiva para nuestra salud si se lleva con cabeza pero aún así me parece que hay otras cuestiones de las que ocuparse antes e intentar la, hoy por hoy, utopía de convertir al mundo entero al veganismo. Personalmente sigo unas pautas que yo considero más éticas o menos desfavorables para los animales, pero no siento que sea el momento de intentar imponerlas a nadie. Es decir, acepto que los humanos comamos otros animales, mientras se les de una vida digna y "feliz" y una muerte lo más indolora posible. Por otra parte pienso que cuantas menos especies sean explotadas en ese sentido mejor, por lo tanto nunca comeré avestruz, caballo ni nada que no sea ternera, cerdo y principalmente pollo. 

Acepto también que para mí es normal comer cerdo, por ejemplo, pero que los cerdos no abundan en la selva amazónica por lo que esta buena gente tendrá que apresar a las especies  con las que convivan, especies que es perfectamente normal que sintamos repugnancia a la hora de imaginarnoslas en el puchero, igual que a ellos les pasaría, quizás, al ver como nosotros nos comemos... no sé, percebes, por ejemplo.

Lo que me toca los cojones de que los chinos coman perro o gato no es que cocinen a animales que para muchos europeos forman parte de su familia, cuestiones culturales, sino las CONDICIONES en las que lo hacen. Como dije, estoy cansada y con el ánimo algo decaído por lo que no me molestaré en buscar las horribles fotos que ya he visto otras veces sobre el tema, para quién le interese (no lo recomiendo a quién sea especialmente sensible) también hay muchos vídeos en la red la mar de ilustrativos. Animales apretujados en jaulas, tan apretujados que no cabe ni un animal más, con extremidades asomando por entre las rejas, muchos en posturas imposibles, metidos seguramente a golpes, miran suplicantes con la columna ya partida. La forma de morir es... horrible, he leído algo sobre electrocución, no sé, lo que tengo en mente es un perro al que VIVO le clavaron un cuchillo en el estómago para empezar a sacarle las tripas y desollarlo. ¿Tanto cuesta un puñetero golpe en la cabeza que le ahorre el dolor y ver como le sacan su propio colon? 

En fin... necesitaba publicarlo aquí. Ojalá callara esas bocas que hablan de tolerancia hacia otras gastronomías... me parecen hipócritas e ignorantes. Me importa bien poco lo que cada uno como mientras lo hagan con ÉTICA. O simplemente bondad y empatía, que tambíen me vale.

lunes, 3 de octubre de 2011

Me gustan los lunes, parte II: el cachorro chino


Los posts "Me gustan los lunes" nacieron para celebrar buenas noticias, para celebrar los cortes de manga que a veces somos capaces de hacer al destino. 

Os ahorro las imágenes donde se ve como un bárbaro lanza hasta cinco veces a este cachorrillo al mar. El animal volvía nadando a la orilla y él, a pesar de las recriminaciones de la gente que presenció la escena, volvía a tirarlo. 

Como veis el perrito está a salvo, una joven lo rescató y otra decidió adoptarlo. Un amigo mío dice que el mejor motivo para celebrar es que estamos vivos.

Me gustan los lunes: Frankie y Louie

Aunque yo voy a llamarle Frankie, ya que solo tiene un cerebro, un único gato. 

A este tipo de gatos se les llama gatos Janus, que era un dios romano que tenía dos rostros. Frankie ha entrado en el Libro Guiness de los Récords como el gato Janus más longevo: no suelen sobrevivir mucho tiempo pero él ya ha cumplido 12 años. 

Pinchad aquí y veréis un vídeo del gatito, se desenvuelve perfectamente a pesar de que por el ojo central no ve.

(Visto aquí)

domingo, 25 de septiembre de 2011

Creo que me arrepentiré de este post

A ver... no sé muy bien si es correcto pero por lo menos los gatos están vivos (leáse post anterior). Después de sopesarlo me parece que roza más el humor que la zoofilia. Bueno, venga, va... ¡¡hay una web porno para gatos!! 

Aquí está la susodicha, juzguen ustedes mismos.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Mirar, no sólo ver

Más de una vez he visto en blogs (algunos de gente a la que le gustan los animales) posts ilustrados con gatos, perros y hasta ardillas que aparecen decorados con cigarrillos y botellas de alcohol. A veces son fotos de animales dormidos que tienen dueños muy simpaticotes. Otras son fotos como la que sigue. 


No puedo asegurarlo porque evidentemente yo no estaba allí, pero de todas formas me parece que es obvio que en muchas de este tipo de fotografías el animal en cuestión está muerto, detalle que la gente no suele percibir. Me importa poco que por lo tanto ni sufra ni padezca ya (quien sabe si el mismo que saca la foto fue el mismo que lo mató), me sigue pareciendo una falta de respeto a la vida que una vez tuvo jugar a las marionetas con su cadáver. 
Y escribo este post porque estoy harta de ver este tipo de fotos tratadas como si fueran divertidas. No me lo parecen, lata el corazón del animal o no.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Carta contra la tauromaquia

Últimamente no hago más que copiar cosillas de otros blogs, espero que se me perdone, que en casos como éste de lo que se trata es de difundir. Ésta vez le ha tocado a Kira, de Soy un gato, que como ya le he comentado, ha encontrado el texto que define perfectamente (yo nunca fuí capaz de expresarlo tan bien) porqué este tipo de espectáculos no tienen cabida.

Enviar a  bpi@unesco.org

Dª Irina Bokova 

Directora General de la UNESCO


D. Francesco Bandarin

Subdirector de la UNESCO


Sres. del Comité para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial


En relación a la solicitud de inclusión de los festejos taurinos en la Lista de Bienes Culturales Inmateriales de la Humanidad efectuada por determinados sectores políticos y grupos empresariales interesados en la continuidad de la tauromaquia, ruego atienda las siguientes consideraciones:


De acuerdo con la ética y la racionalidad humana, los aludidos festejos taurinos no son un patrimonio “cultural” que deba ser salvaguardado, ya que, aunque hayan sido unas prácticas muy arraigadas en otros tiempos en nuestro país, en la actualidad la mayor parte de la población española rechaza el mantenimiento de tales “espectáculos” por considerarlos crueles tradiciones moralmente inadmisibles, más propias de salvajes que de pueblos civilizados, pues suponen el más absoluto desprecio a la vida de un animal inocente que es acorralado, torturado lentamente y vilmente ejecutado ante un público insensibilizado y envilecido, incapaz de ver la cruel y trágica realidad enmascarada en un espectáculo ilusoriamente alegre, vistoso y colorista.


No se trata, pues, de un bien “cultural”, ya que la cultura engrandece al ser humano, lo eleva, le aporta, si cabe, más valores a su condición, y como la misma UNESCO señaló en su Declaración de Mexico 1982 “ (…) la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. (…)


De acuerdo con esta declaración, a la tauromaquia no podría atribuirse valor cultural alguno, porque no nos enriquece en ningún sentido, no hace de nosotros seres más “humanos” y “racionales”, ni por supuesto “éticamente comprometidos”. Al contrario, la tauromaquia envilece al hombre, lo degenera, hace que aflore en las personas su parte más sórdida e inhumana al despreciar sin compasión a ese animal merecedor de respeto y protección.


Por ello, no sería honestamente aceptable, y nadie en su sano juicio admitiría su inclusión como Bien Cultural Inmaterial de la Humanidad, pues eso supondría rebajar la “humanidad” a tal nivel de irracionalidad, brutalidad y depravación que haría de nuestra especie la escoria del universo.


Por las razones anteriormente expuestas y apelando al sentido común de la Humanidad a la que Uds. representan, ruego no sean declarados los festejos taurinos como Bienes Culturales Inmateriales de la Humanidad, teniendo en cuenta los siguientes aspectos a los que hace referencia el texto de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, Paris 17 de octubre de 2003:


• No suponen un factor de desarrollo; al contrario, el enfrentamiento que desde siempre ha existido entre los españoles sobre esta cuestión ha generado y sigue generando un derroche enorme de energía y recursos humanos y materiales que nos impiden progresar como personas y como país.


• No contribuyen a enriquecer la diversidad cultural y la creatividad humana, puesto que no son actos creativos sino destructivos y depravados.


• No generan un sentimiento de identidad cultural entre los españoles; al contrario, somos muchos los que nos sentimos dañados moralmente y avergonzados ante el mundo por la continuidad de tales “espectáculos”.


• No son un factor de acercamiento, intercambio y entendimiento entre los seres humanos, ya que, como se ha dicho anteriormente, nos divide y enfrenta


Por ello, solicito, a su vez, colaboración de la UNESCO en la sensibilización y concienciación de la población de los países que irracionalmente todavía permiten tales festejos, con el fin de revelar a la ciudadanía la infamia, brutalidad y depravación moral que tales “espectáculos” conllevan, para poder erradicarlos cuanto antes y que pasen lo antes posible a formar parte de nuestra historia como una de las tradiciones más crueles, salvajes e inhumanas que ha arrastrado durante siglos la cultura española.


Atentamente,


Nombre

DNI

NACIONALIDAD

martes, 13 de septiembre de 2011

Otro año más: el Toro de la Vega

Miserablemente copio la imagen de Kurioso, no lo pude evitar.  No comento nada más porque ya escupí todo lo que tenía que decir el año pasado.  Y lo repito, malditos salvajes.

jueves, 1 de septiembre de 2011

I really love cats


Vía Dumbo llegué a este vídeo. Debbie es una cat lover de lo más tierna.  Cada vez que veo a la emocionada muchacha me sale la sonrisa al tiempo que me asoma la lagrimilla porque... en el fondo, me reconozco, fijo que no soy la única. Iba a comentar la letra pero es tan total que nada se puede añadir. Me encanta la camiseta con el i'm sorry... i'm thinking about cats again.



lunes, 25 de julio de 2011

Grandes felinos salvajes

De mi vecina T. ya hablé aquí, en el otro blog, pero ni con cien posts que le dedicara en exclusiva podría describirla fielmente. Creo que es, básicamente, una hiperactiva no diagnosticada. Una conversación con ella me deja la mente como si hubiera estado estudiando seis horas seguidas. La mecánica es siempre la misma, ella habla y habla de todo lo que se le pase en ese momento por la cabeza, sin dirección fija, y yo intento meter algún comentario con escaso éxito, además de que más de una vez me he dado cuenta que algo que le conté el día anterior ya no lo recuerda al siguiente. De lo más característico es cuando encuentra forma o motivo de sentar cátedra y dar una clase magistral sobre algún tema que domine o que crea que lo hace, no te escapas hasta que le das la razón o por lo menos callas y no le llevas la contraria. Lo dicho, nunca conseguiré transmitir lo peculiar que es. 

El gato de T. es una bola inmensa, blanca y con manchas grisáceas, de diez kilos. Sí, diez, uno de los míos no llega a los ocho y todos dicen cuando lo ven "Es enooorme", "Qué graaaande" o "Menudo bicho", así que imagínaos el de ella, que por cierto, es el único ser vivo que hizo recular al mío, que hasta ese día no sabía lo que era que alguien le hiciera frente (de hecho tiene algo acojonados a los perros del vecindario).

El otro día mi pareja volvió de sacar la basura riéndose y me contó que había estado hablando con T., que estaba en el jardín con su gato. Una parte de la conversación fue tal que así:

-¿Y qué tal el gato? 
T. mira a su gato, que está sentado en el césped, y finalmente dice:
-Es como un perro, defiende la casa. Ataca a los que no conoce, pero no es sumiso como un perro. Los chinos comen perro y gato, y las chinas también son sumisas. Sabes que las chinas son sumisas, ¿no?
-...
-¿No lo sabías?
-Eeehhmmm... sí, sí, claro
-Pero los gatos no son sumisos. Son como todos los felinos, animales salvajes, sin domesticar. 

Pasa entonces por la acera otro vecino, que se detiene únicamente para comentar sobre el felino y su volumen:
-Parece  un cabrito. 
Sentencia tras la cúal se marchó silbando tan tranquilo mientras en el jardín de T. nacía un silencio sepulcral sólo roto por la risa contenida de mi pareja. 

-Un cabrito... -dice ella al fin, mirando de reojo como el vecino abre su cancela- un cabrito... ¡es un gran felino! ¡un animal salvaje sin domesticar! El otro día espantó a una comercial, cuando timbró se lanzó hacia ella sacando sus zarpas por entre la verja, y ella se asustó y ya no quiso entrar. Seguro que de pequeña le hizo algo a un gato, porque los gatos recuerdan, ¿sabes?. Si le haces daño a un gato te lo va a devolver, todo lo que haces vuelve a ti, la vida te lo devuelve. 

Pues eso, que nuestros pequeños grandes felinos, animales no sumisos, salvajes y sin domesticar, son (aparte de elegantes, inteligentes, misteriosos y encantadores) jueces kármicos. Mola.

jueves, 21 de julio de 2011

A. recuperándose

Mi gato A. empezó a estar rarito, mear con mucha frecuencia y, lo clave, poquita cosa y con sangre. Como no hay forma humana de meterlo en el transportin y el truco de taparle los ojos ya se lo sabe  (unido a que el anterior veterinario me traía algo descontenta) llamé a uno del que hace tiempo tenía guardado el número, uno que tiene unidad móvil y se desplaza a domicilio. Perfecto, más majo... me encantó (lo de los tremendos ojos verdes no tiene nada que ver). Antibiótico seis días y a ver si se le pasa, sino tendrá que volver para hacerle alguna prueba. 

Me siento un poco culpable. A partir de ahora le daré siempre pienso para esterilizados. Hasta ahora de vez en cuando le variaba de pienso, porque pensaba que pobrecicos, siempre el mismo pienso era triste y aburrido. Ahora me pasaré por alto todo eso. El gato anda quejándose a cada rato, inquieto y molesto, y al mismo tiempo con ganas de compañía y mimos. Y me sé muy bien lo que siente, que recuerdo perfectamente el dolorcísimo cuando me pasó a mí misma algo similar. He de reconocer que estamos los dos que damos algo de asco, me di cuenta hoy en el diálogo que mantuvimos desayunando:

-Miaaaau, miaaau, rrrrrmiau...
-¿Qué pasa, amor? -que conste que no suelo llamarle esas cosas, lo mío va más por rata, tocapelotas o similar.
-Rrrr... rrrr... miaaaaauuuuu, miaaaau...
-Ya sé qué duele, cariño, ¿qué tal dormiste? ¿Descansaste? -por toda respuesta se  tira en el medio de la cocina y me mira con cara de haber trasnochado- Claro, cielo, como ibas a descansar así... Ven, mi vida, que te doy besitos para que te cures... ¿dónde duele? ¿Aquí en la barriguilla? A ver, que mil besitos le voy a dar para que sane..
Que ya lo sé, que tanto azúcar no es bueno. 

Pues lo dicho, para gatos castrados pienso para estirilizados o para problemas urinarios. Y no se hable más. Me voy a hacerle mimitos.


lunes, 30 de mayo de 2011

El perro cojo

Un poema que me encontré por casualidad y que, buscando en google el autor, parece bastante conocido en los ambientes animalistas. 

Con una pata colgando,
despojo de una pedrada,
pasó el perro por mi lado.
Un perro de pobre casta.
Uno de esos callejeros
pobres de sangre y de estampa.
nacen en cualquier rincón,
de perras tristes y flacas,
destinados a comer
basuras de plaza en plazas.
Cuando pequeños, qué
finos y ágiles son en la infancia,
baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana,
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan.
Cuando mayores, al tiempo
que ven que se les fue la gracia,
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas.
Qué tristes ojos tienen,
qué recóndita mirada,
como si en ella pusieran
su dolor a media asta.
Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia,
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.
Yo lo llamo: psss, psss, psss.
Todo orejas asustadas,
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia,
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras,
como esperando o temiendo
pan, caricias… o pedradas.
No en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata.
Lo vuelvo a llamar: psss, psss.
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas, gachas.
Chasco los dedos; le digo:
"Ven aquí, no te hago nada;
vamos, vamos… ven aquí."
Y adiós a la desconfianza,
que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla,
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira; gira, salta;
llora, ríe; ríe, llora;
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras.
Es su alegría tan grande
que más que hablarme, me canta.
"¿Qué piedra te dejó cojo…?
Sí, sí, malhaya."
El perro me entiende; sabe
que maldigo a la pedrada,
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata,
y él, con el rabo, me dice
que me agradece la lástima.
"Pero tú no te preocupes;
ya no ha de faltarte nada.
Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas,
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.
Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada.
Vamos, pues, perrito mío;
vamos, anda que te anda,
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas,
yo, por mis calles oscuras,
tú, por tus calles calladas,
tú, la pedrada en el cuerpo,
yo, la pedrada en el alma.
Y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: aquí yace
un amigo de mi infancia.
Y en el cielo de los perros,
pan tierno y carne mechada,
te regalará San Roque
una muleta de plata."
Compañeros si los hay,
amigos donde los haya,
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña.
Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma.
Y fueron muchas las hambres,
mucho peso para sus tres patas,
y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana,
lo encontré tendido, frío
como una piedra mojada.
Como un duro musgo el pelo
con el rocío brillaba.
Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas.
Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda,
las orejas de relente
y el hociquito de escarcha.
Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras,
bien surtido de recambios
con qué curar viejas taras.
“Para ti… un rabo de oro;
para ti...un ojo de ámbar;
tú... tus orejas de nieve;
tú... tus colmillos de escarcha.
Y tú..., -mi perro reía-,
tú... tu muleta de plata"
Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada:
¿Estrellas… luceros?… No,
es mi perro que, cuando anda,
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata.

Manuel Benítez Carrasco (1922-1999) 


sábado, 14 de mayo de 2011

Leni

Mi minicolonia callejera la formaban dos gatos y un erizo. Los tres comían entre la maleza de un solar, donde yo les dejaba el pienso desde el otoño. 

Primero apareció Leni, una noche en la que yo llegaba de un paseo en bici. Un gato siamés de pelo largo al que le intuí el hambre en la mirada. Empecé echándole pienso en la entrada del garaje y finalmente le busqué un sitio más seguro, en el solar. 

No mucho más tarde apareció Belo, un gato de rabo corto, de cuerpo menudo como Leni. Yo iba tres veces a la semana, de noche, tarde para que nadie me viese y mantener mi secreto oculto, a llevarles el pienso. Las veces que me encontraba uno de ellos esperándome, me dejaba feliz durante toda la semana. La noche que me encontré a los dos formamos por un momento, cuando se cruzaron nuestras miradas, un triángulo secreto y mágico. Y ahí pensé que tenía que cuidarlos y protegerlos lo mejor que pudiese, hasta que encontrase un sitio a dónde llevármelos. 

Una noche en la que llegué algo distraída metí la mano en el comedero, por allí no hay demasiada luz, para ver cuánto pienso les quedaba, y me topé con algo que me pinchó y me hizo salir del solar chillando como una nena. Era un erizo, estaba dentro del comedero poniéndose las botas. 

Así fue como se formó mi absurda minicolonia. Dos gatos y un erizo.

Mi absurda minicolonia es más absurda que nunca. Leni ha muerto atropellado. A nadie le importa demasiado, un gato callejero menos. Una única persona en el mundo que le echará de menos, que le llora y lo lamenta. Una voz que me sale del corazón le habla de la finca que un día tendré y a donde me llevaré todos los gatos que se me antoje,  y le susurra que lo siento, que siento que la finca llegue tarde, que siento en el alma no haberlo puesto a salvo. Mil besos, pequeño. 

domingo, 10 de abril de 2011

Hace ya casi dos meses

Hace ya casi dos meses desde que lo supe y aún hoy, cuando por fin me dispongo a escribir este post, se me encoge el corazón al recordarlo, me caen las lágrimas y reniego de mi confianza en la humanidad.

Hablo del señor que torturaba cachorrillos mientras lo grababa en vídeo. El señor que lo colgó en un blog. El señor que según me temo nunca será detenido, y de serlo, no pagará lo que ha hecho.

Intento racionalizar, entender, analizar las cosas y no dejarme llevar por las emociones. Aparto el dolor, la rabia, la ira, la tristeza, los echo a un lado y... pienso. ¿Por qué alguien hace algo así? Y no tengo respuestas. Maltratar, torturar, humillar, herir tan salvajamente y asesinar a un ser tan bello, tan increíblemente perfecto y hermoso como lo es cualquier animal, no es más que la forma de expresión de un ser mezquino y malvado. Maldad. Hacer daño al ser más indefenso que tienes a mano, un animal, ni siquiera un adulto, un cachorro. Qué pozo de aguas estancadas, qué maloliente vertedero, qué podrido cadáver tiene este hombre por cerebro para que la única forma que encuentra de sentirse fuerte, valiente, seguro de sí mismo, dominante y vencedor es haciendo eso a un ser infinitamente más débil.

El perrito miraba a la cámara con sus ojillos oscuros y brillantes, después de un dolor inimaginable y mientras ese señor le asfixiaba silbando una canción. Y entre su mirada y la mía, el cachorrillo y yo nos encontramos en algún sitio, un espacio común que compartimos únicamente los animales y quienes les amamos, nos encontramos y nos preguntamos, simplemente, porqué. Y yo quisiera rescatarle, lo que daría yo por poder hacerlo, extender mis manos y arrebatárselo a ese individuo, ponerlo a salvo, protegerlo para siempre entre mis brazos. Luego, las mismas manos que han salvado al cachorro, se extenderían de nuevo y apretarían el cuello de esa persona. Lo aprietan mientras le miro a los ojos y le enfoco con una cámara. Lo aprietan lentamente, poco a poco, que note como la presión cada vez es mayor, que note el dolor en la garganta, la falta de aliento, que note como se le escapa la vida. Y que sienta miedo, que el miedo lo llene por completo y, cuando esté a un paso de la muerte, me mire, sin comprender el porqué, que me mire mientras es terriblemente consciente de lo solo, perdido y aterrorizado que está. Que me mire mientras yo silbo una canción y sonrío. Sonrío.

Y a ti, maldito miserable, sabiendo que eres incapaz de entender la mostruosidad que has hecho, te deseo que lo pierdas todo, cada cosa que te importe, cada persona que ames, que tu único compañero sea un inmenso dolor, que pases el resto de tu vida, y que sea larga,  deseando estar muerto.

viernes, 11 de febrero de 2011

Toxoplasmosis, o los ginecólogos y su ignorancia

Vía Michis del mundo he llegado a éste texto que a continuación copio y pego. Ya sé que no estoy haciendo mucho ejercicio creativo pero me parece vital difundirlo. Tan vital que para el que le dé pereza marco en negrita lo más importante. A ver si así dejamos de hacer el idiota creyendo que si una embarazada toca un gato le va a salir el niño ciego y patochadas del estilo. No tengo datos de la autora pero, por si le llega, enhorabuena por haberlo escrito.




Me llamo Laura y tengo 7 gatos, que fueron llegando a mi casa procedentes del abandono y el maltrato. Forman parte de mi familia, cosa que mi entorno no parece entender, así como que ellos no están conmigo porque me guste coleccionar animales, ni siquiera porque me gusten los gatos. Están conmigo por moral, porque en su día no pude mirar hacia otro lado. El día que decidí ser madre lo primero que me llegó de mi entorno fue la típica frase de “¿y ahora que vais a hacer con los gatos?”

Escribo este texto con la esperanza de poder ayudar a muchas futuras mamás y a sus gatos, para desmontar muchos falsos mitos que circulan por ahí. Es para vosotras, no tratéis de explicárselo a esa gente ignorante que no quiere atender a razones, y que piensan que los gatos harán que el niño estalle o algo parecido (porque no se que piensan que le pueden hacer). Ni lo intentéis porque hablar con esas personas es como hablar con las paredes. Eso si, tened por seguro que los gatos no sólo no son perjudiciales para un niño, sino que son buenos para su salud y su desarrollo psicológico (le refuerzan contra alergias y además le ayudan a educarse en responsabilidad y amor).

Soy licenciada en Psicología, auxiliar de clínica veterinaria y llevo muchísimos años en el mundo de la protección animal, con lo que no hablo por hablar. He estudiado psicología infantil, conozco el ciclo de la tan temida toxoplasmosis y también se bastante de etología para entender a los gatos, que por mucho que la mayoría se empeñe en tenerlos como si de jarrones decorativos se tratase, son seres vivos.

Espero que esto os ayude, no dejéis que nadie os asuste con mentiras, y mucho menos dejéis que os hagan abandonar a vuestros gatos en base a cuentos de vieja sin fundamento alguno. Compartid vuestro embarazo y luego vuestra vida familiar con su nuevo miembro con vuestros gatos y sed felices.

PRIMERA FASE: EL EMBARAZO




Nada más quedarme embarazada lo primero que hice fue llamar llena de ilusión a toda mi familia.
La buena nueva pasó a convertirse en diversas discursiones con casi todos ellos, con frases como la que cité antes o “ahora tendréis que donar a los gatos” (abandonar, se dice abandonar...), “los gatos ahora los tendrás que quitar” (si, los envuelvo, los dejo en el trastero y luego más adelante los vuelvo a sacar...) y otras por el estilo. Se me quitaron las ganas de llamarles más. Les dije una y cien veces que no pasaba absolutamente nada, que como era auxiliar veterinaria sabía como iba eso de la toxoplasmosis, les explicaba el ciclo...como hablar con la pared. Si había alguna celebración familiar, que hubo bastantes hasta que di a luz, no dejaban pasar la oportunidad de volver a sacar el tema de los gatos, de echarme miradas acusatorias de “eres una mala madre”, y yo me quedaba calva de decirles que no pasaba nada...

Os explico el tema de la toxoplasmosis:

Lo primero es hacerte los análisis (que muchos ginecólogos te dicen que gatos fuera sin pasar ni por este paso). Si tu eres positiva, ya la has pasado, y ahí no hay riesgo alguno.

Si tu eres negativa, debes hacerle las pruebas al gato (eso nunca lo dicen, directamente el gato fuera, son la leche). Sólo un 2 % de la población mundial felina es positivo a toxoplasmosis. Si tu gato es negativo, no hay riesgo tampoco.

Si tu eres negativa y tu gato es positivo (cosa que ya es difícil), hay que ver con un análisis de heces del gato si está eliminando ooquistes o no, o sea, si está activa. Esto es importante porque el gato que coge la toxoplasmosis sólo elimina ooquistes durante dos semanas después de haberla cogido, y luego le pasa como a nosotras, que da positivo porque ya la ha pasado, pero no pasa nada. Así que puede que si tu gato es positivo la haya cogido hace años cuando era cachorrito, a lo mejor estaba en la calle y cazaba algún ratón, pero ahora no elimina ooquistes ya, y por tanto tampoco hay riesgo.

En todo caso, si tu eres negativa, tu gato positivo y justo está en esas dos semanas (que ya es algo increible que pase, y más si tenemos en cuenta que la mayoría de los gatos caseros no salen a la calle y no comen carne cruda sino pienso y alguna latita, porque cuando la cogen es por comer carne cruda infectada), tampoco te alarmes, porque para que la toxoplasmosis pueda afectarte a ti las caquitas deben estar más de 24 horas en ambiente, o sea, que con que tu chico limpie las cacas un par de veces al día, tampoco hay riesgo.

Aparte de todo eso, se transmite sólo por las caquitas si tu llegas a ingerir ooquistes que haya ahí, y eso me parece también bastante improbable . Así que no te preocupes, deja que tu chico limpie la arena unos meses (eso es lo mejor, jejeje), relájate y no hagas caso de ginecólogos que no tienen ni idea o que si la tienen pasan de darte información adecuada, consiguiendo que haya un montón de abandonos innecesarios, embarazadas con ansiedad (eso si es un peligro real, señores ginecólogos) y situaciones de tristeza.

PELIGROS REALES:

Carne poco hecha, embutidos, verduras y frutas mal lavadas.

Bien, sabiendo todo esto fui por primera vez al ginecólogo dispuesta a negar que tenía animales en casa si me lo preguntaba, por si me tocaba alguno de esos tristemente tan frecuentes ginecólogos desinformados. Para confirmar mis sospechas le pregunte por el tema de la toxoplasmosis, a lo cual tuvo el cuajo de responderme (todo esto sin haberme hecho los primeros análisis aun y sin saber si era positiva y por tanto no había riesgo alguno) que me cruzara de acera si veía algún gato por la calle y que podía ponerme morada de jamón serrano y embutido.

Ahora es cuando muchas os preguntareis: ¿y porque muchos ginecólogos dicen esto? Por algo será...Os lo explico: los ginecólogos estudian ginecología, no veterinaria. A ellos les enseñan que la toxoplasmosis es perjudicial para los fetos, y nada más. Está en su voluntad el informarse un poco más, en saber del ciclo de la toxoplasmosis para evitar abandonos de animales (que habiendo estado en una protectora os puedo decir que son un número muy elevado por esta causa, y que las pobres embarazadas que nos llaman están desesperadas y asustadísimas por culpa de que su ginecólogo no se ha querido informar y prefiere dárselas de saberlo todo en vez de decirle “la toxoplasmosis es perjudicial, si, pero mejor preguntale a tu veterinario para valorar ese riesgo”). De hecho mantuve una conversación en un ciclo de conferencias con la presidenta del Colegio de Médicos, ella sabía perfectamente que no había peligro, y se sorprendió mucho al decirle que los ginecólogos recomendaban desprenderse de las mascotas.

De hecho no lo hacen sólo con los gatos, como no tienen ni idea de veterinaria indican a las embarazadas que abandonen cualquier animal, gatos, perros, conejos...cuando la toxoplasmosis sólo se desarrolla en las heces del gato.

Para que veáis lo “peligrosos” que son los gatos: como ya os comenté al principio llevo muchísimos años en el mundo de la protección animal (más de 15 años), limpiando caca de gato (en ocasiones hasta tenía que ponerme un mono de plástico desechable si iba a limpiar a la protectora, ¡acababa de caca de gato hasta las orejas!), de gatos que se supone son grupo de riesgo porque vienen de la calle, donde pueden comerse algún ratón y coger la toxo. Y como os dije convivo con 7 gatos.

Bien, al llegarme los resultados di NEGATIVO. Toda una vida limpiando caca de gato, de miles de gatos distintos, y nunca cogí la toxoplasmosis. Y eso sin tomar ninguna precaución. Así que el ginecólogo que indica a una mujer que tiene un gato casero que se deshaga de el debería informarse más y dejar de echar muertes de animales sobre sus espaldas.

Otro punto que influye en este tema es el “argumento ad hominem”, consistente en que cuando dices que ayudas en una protectora siempre hay alguien que te dice “¿y por qué no ayudas a los niños de África?”. Esa persona te lo dice desde el sofá, sin ayudar a nadie, por supuesto. Y es la misma que si ayudaras a los niños de África en vez de a los gatos te diría que por qué no ayudas a los niños de España. Pero parece que con el tema de los animales este argumento se recrudece aun más, dando lugar a un absurdo en el que parece que por ayudar a los animales estás perjudicando a las personas. Y eso lo trasladan a aconsejar que te desprendas de tus gatos, porque si no lo hicieran estarían perjudicando al bebé siguiendo su absurdo razonamiento.

Mi embarazo no sólo se desarrolló felizmente, sino que además mis gatos supieron desde el primer día que me había quedado embarazada y se dedicaron a protegerme, a ir detrás mío, a extremar sus cuidados sin pasar corriendo cerca de mi, por ejemplo, tratándome con delicadeza.

Cuando di a luz un niño perfecto y mi familia vio que efectivamente no pasaba nada, lejos de tragarse sus palabras y dejar de lanzar puyas que me hacían daño, pasaron al siguiente asalto...

SEGUNDA FASE: BEBE Y GATOS




Los tiempos del medievo en los que los gatos eran quemados o matados de cualquier otro modo (lo cual contribuyó, dicho sea de paso, a la propagación de la peste debido al aumento de ratas) por su relación con la brujería pasaron a la historia físicamente, pero en las mentes de muchos parecen seguir ahí, y se cataloga al gato como un animal maligno, que hace daño a sabiendas, y que por supuesto va a atacar al bebé. Estas personas no han tenido un gato en su vida.

Al nacer mi niño mis familiares vinieron a verle al hospital, o me llamaron por teléfono. Y la mayoría (a los que ya había dicho antes que no pasaba nada durante el embarazo y seguían sin bajarse del burro) siguió con el tema, que ahora era que según ellos un bebé era imposible que conviviera con animales (me pregunto como ha sobrevivido la raza humana desde los tiempos de las cuevas). De nuevo les dije una y otra vez que no pasaba nada...esta vez sin argumentos no porque pasara algo, ¡sino porque no había argumento alguno que rebatir! ¿Que se supone que le pasaa un niño que vive con gatos?

“Es que hay pelos”: si, pero yo limpio mi casa, paso el aspirador casi a diario y cepillo a mis gatos cada pocos días. En mi casa hay menos pelos que en muchas otras sin animales. Otra cosa es que seas un poco desaseada (por ser diplomática) y no limpies tu casa, entonces va a dar igual que tengas gatos o no.

“Es que el niño se mete todo en la boca”: y de vuelta al tema de la limpieza de antes.

“Es que los gatos tienen celos y atacan al niño”: o más bien van a protegerle...eso si, si tratas a tus gatos como a floreros y les ignoras, no te extrañe que tus gatos tengan problemas de conducta, provocados por ti, y por lo que muchos acaban abandonados (no sea que el dueño se tenga que gastar un duro en un etólogo o simplemente tratar a sus gatos como seres vivos parte de la familia...). Mis gatos ni siquiera se metieron en la cuna del niño, que estaba montada meses antes de su nacimiento, yo compré un spray educativo que detectaba el movimiento y les rociaba si se metían en la cuna y tuve que quitarlo nuevo, sin una sola vez de uso, porque ni asomaron la nariz a la cuna. Sabían que era del niño. Eso si, me tomé la “molestia” de preparar ese spray para enseñarles que ahí no se entraba. Mis gatos, como miembros de la familia que son, tienen sus rascadores, sus juguetes, sus caprichos y sus necesidades cubiertas. No necesitan llamar la atención, son felices. Si alguna vez les pasa algo me molesto en averiguar la causa y ayudarles a ponerle remedio, no corro a castigarles o a abandonarles. Todos venían de la calle con sus traumas y todos los superaron aquí, dejando atrás todo lo malo. La gente me dice cuando viene a casa que parece que no tengo gatos, y se sorprenden, porque tengo 7...pero educados.

“Es que los gatos van a ir a por el niño aunque no tengan celos”: Otra mentira. Los gatos van a ir a lo suyo, y lo que va a pasar es que cuando el niño empiece a andar va a ser el él que les persiga, va a intentar tirarles de la cola, y vamos a tener que enseñar al niño a respetar a los gatos, no al revés. Y los gatos van a hacer gala de su infinita paciencia con el niño dejándose hacer de todo, los pobrecillos.

“Es que los gatos transmiten enfermedades”: MENTIRA. Los gatos sólo pueden transmitir la toxoplasmosis a las embarazadas ( y bajo los puntos descritos antes, harto improbables), hongos o parásitos. Si tu gato está desparasitado y sano, no va a pasar absolutamente nada, otra cosa es que tu gato esté completamente descuidado, en cuyo caso es tu culpa, no del animal. Es mil veces más probable que tu le pegues algo a tu hijo, e incluso a tu gato, ya que puedes traerle cualquier enfermedad felina de la calle en tus mismos zapatos.

Hay personas que no deberían tener ni niños ni gatos. No deberían tener niños porque los van a tener de forma egoísta, no van a pensar en ellos, no van a vigilar que no cojan algo del suelo, van a enchufarles un chupete para que se callen y a dejarles llorar aunque al niño le pase algo, porque ellos quieren dormir. Tampoco deberían tener animales, porque también los tienen por egoísmo, no van a tener cubiertas sus necesidades, no van a comprenderles, incluso van a maltratarles (cosa que suelen hacer también con sus niños).

Esas personas van a dejar que el niño se meta en la boca una caquita de gato porque no van a estar ahí y tampoco van a mantener limpio el arenero o a habilitar barreras para que el niño no acceda al mismo. Esas personas no van a molestarse en tratar a sus gatos con dulzura cuando llegué a casa el bebé. Y por todas estas razones, por mucho que no tengan animales, tampoco deberían tener niños, ya que no están preparados para ello, no saben lo que es la empatía, no saben satisfacer otra cosa que no sea su propio ombligo.

Cuando llegué con mi bebé a casa se lo enseñé a mis gatos dentro del cuco. Ellos se extrañaron y vinieron a asomarse y a olerle de lejos. El bebé ni se inmutó. Han pasado los meses y vivimos todos juntos, en perfecta armonía. Mi hijo sólo ha recibido de mis gatos mimitos (cuando se atrevieron a acercarse un poco) y protección. Cada vez que viene alguien a casa a ver al niño ellos salen para vigilar que el extraño no dañe al bebé, incluso dos de mis gatos que jamás aparecen (por miedo) cuando vienen visitas. Y cuando la visita se va ellos vuelven a irse del salón.

Eso si, pese a que la realidad golpea y es evidente que efectivamente no pasa ABSOLUTAMENTE NADA por tener gatos durante el embarazo y luego con un bebé conviviendo con ellos, mi entorno sigue repitiendo una y otra vez que “si sigo teniendo a los gatos, que a ver que voy a hacer” y blaaa blaaa blaaaaa. ¿Que el niño nació perfecto y ven que está sanísimo y feliz? No pasa nada, ellos deben seguir machacando porque creen los gatos son seres malignos que deben ser erradicados de la faz de la tierra. O porque simplemente para ellos son esos graciosos animalitos de usar y tirar que una vez que tienes un niño debes “donar” porque ya no te hacen falta, como si el niño los sustituyera.

No dejéis que os ganen la batalla, la ignorancia es muy atrevida, y ellos seguirán. Os harán sentir mal, os harán sentir impotentes porque no escuchan, porque no aceptan la verdad ni aunque el tiempo os de la razón una y mil veces. Intentarán haceros creer que sois malas madres.

Pero como yo digo: ser buena madre se demuestra con tus actos, no intentando quedar bien con la familia. Y no hay acto más deplorable que el abandonar a un animal. Mi hijo no va a aprender eso de mi, jamás, no verá fotos de un gatito y tendré que inventarme una mentira para no tener que decirle que lo abandone cuando me quedé embarazada o cuando él vino al mundo. Y aquellos que aconsejan abandonar deberían plantearse por qué necesitarían mentir a su hijo sobre el gatito de la foto.

Mi hijo aprenderá a convivir y amar a los animales y por ende a las personas, aprenderá lo que es la empatía. Aprenderá a ser una mejor persona. Sed felices, disfrutad de vuestro embarazo y de vuestra maternidad, dejad que vuestros animales os cuiden, cosa que no hacen aquellos que sólo os intentan hacer sentir mal. Y sobre todo, informaros de todo antes de hacer alguna tontería.

Y los cuentos de vieja, que se los lleve el viento.

domingo, 2 de enero de 2011

De amos y esclavos


Milán Kundera
La insoportable levedad del ser, 1984.
(Séptima parte: La sonrisa de Karenin)

"En el comienzo del Génesis está escrito que Dios creó al hombre para confiarle el dominio sobre los animales. Claro que el Génesis fue escrito por un hombre y no por un caballo. No hay seguridad alguna de que Dios haya confiado efectivamente al hombre el dominio de otros seres. Más bien parece que el hombre inventó a Dios para convertir en sagrado el dominio sobre la vaca y el caballo. Sí, el derecho a matar un ciervo o una vaca es lo único en lo que la humanidad coincide fraternalmente, incluso en medio de las guerras más sangrientas.

Ese derecho nos parece evidente porque somos nosotros los que nos encontramos en la cima de esa jerarquía. Pero bastaría con que entrara en el juego un tercero, por ejemplo un visitante de otro palneta al que Dios le hubiese dicho: Dominarás a los seres de todas las demás estrellas, y toda la evidencia del Génesis se volvería de pronto problemática. Es posible que el hombre uncido a un carro por un marciano, eventualmente asado a la parrilla por un ser de la Vía Láctea, recuerde entonces la chuleta de ternera que estaba acostumbrado a trocear en su plato y le pida disculpas a la vaca.

El hombre no sería el propietario, si no un administrador del planeta que, algun día, debería rendir cuentas de esa administración. Descartes dió el paso decisivo: hizo del hombre el "señor y propietario" de la naturaleza. Pero existe sin duda cierta profunda coincidencia en que haya sido precisamente él quien negó que los animales tuvieran alma: el hombre es el propietario y señor mientras que el animal, dice Descartes, es sólo un autómata, una máquina viviente, "machina animata". Si el animal se queja no se trata de un quejido, es el chirrido de un mecanismo que funciona mal. Cuando chirría la rueda de un carro, no significa que el eje sufra, si no que no está engrasado. Del mismo modo hemos de entender el llanto de un animal y no entristecernos cuando en un laboratorio experimentan con un perro y lo trocean vivo.

(...)

La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad (...) radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales: Y aquí fue donde se produjo la debacle fundamental del hombre., tan fundamental que de ella se derivan todas las demás.
(En el prado) Una de las terneras se acercó a Teresa, se detuvo y la miró largamente con sus grandes ojos castaños. Teresa la conocía. Le llamaba Marqueta. Le hubiera gustado ponerle nombre a todas sus terneras, pero no podía. Eran demasiadas. Antes, y seguro que hasta hace cuarenta años, todas las vacas de este pueblo tenían nombre. Pero luego se hizo cargo del pueblo una gran fábrica cooperativa y las vacas pasaron a llevar su vida en dos metros cuadrados, en el establo. Desde entonces no tienen nombres y se han vuelto machinae animatae. El mundo le ha dado la razón a Descartes.
Sigo teniendo ante mis ojos a Teresa, sentada en un tocón, acariciando la cabeza de Karenin y pensando en la debacle de la humanidad. En ese momento recuerdo otra imagen: Nietzsche sale de su hotel en Turín. Ve frente a él un caballo y al cochero que lo castiga con el látigo. Nietzsche va hacia el caballo y, ante los ojos del cochero, se abraza a su cuello y llora.
Esto sucedió en 1889, cuando Nietzsche se había alejado ya de la gente. Dicho de otro modo: fue precisamente entonces cuando apareció su enfermedad mental. (...) Nietzsche fue a pedirle perdón al caballo por Descartes. Su locura (es decir, su ruptura con la humanidad) empieza en el momento en que llora por el caballo.
Y ése es el Nietzsche al que yo quiero, igual que quiero a Teresa, sobre cuyas rodillas descansa la cabeza de un perro mortalmente enfermo. Los veo a los dos juntos: ambos se apartan de la carretera por la que la humanidad, -ama y propietaria de la naturaleza-, marcha hacia adelante."