domingo, 10 de abril de 2011

Hace ya casi dos meses

Hace ya casi dos meses desde que lo supe y aún hoy, cuando por fin me dispongo a escribir este post, se me encoge el corazón al recordarlo, me caen las lágrimas y reniego de mi confianza en la humanidad.

Hablo del señor que torturaba cachorrillos mientras lo grababa en vídeo. El señor que lo colgó en un blog. El señor que según me temo nunca será detenido, y de serlo, no pagará lo que ha hecho.

Intento racionalizar, entender, analizar las cosas y no dejarme llevar por las emociones. Aparto el dolor, la rabia, la ira, la tristeza, los echo a un lado y... pienso. ¿Por qué alguien hace algo así? Y no tengo respuestas. Maltratar, torturar, humillar, herir tan salvajamente y asesinar a un ser tan bello, tan increíblemente perfecto y hermoso como lo es cualquier animal, no es más que la forma de expresión de un ser mezquino y malvado. Maldad. Hacer daño al ser más indefenso que tienes a mano, un animal, ni siquiera un adulto, un cachorro. Qué pozo de aguas estancadas, qué maloliente vertedero, qué podrido cadáver tiene este hombre por cerebro para que la única forma que encuentra de sentirse fuerte, valiente, seguro de sí mismo, dominante y vencedor es haciendo eso a un ser infinitamente más débil.

El perrito miraba a la cámara con sus ojillos oscuros y brillantes, después de un dolor inimaginable y mientras ese señor le asfixiaba silbando una canción. Y entre su mirada y la mía, el cachorrillo y yo nos encontramos en algún sitio, un espacio común que compartimos únicamente los animales y quienes les amamos, nos encontramos y nos preguntamos, simplemente, porqué. Y yo quisiera rescatarle, lo que daría yo por poder hacerlo, extender mis manos y arrebatárselo a ese individuo, ponerlo a salvo, protegerlo para siempre entre mis brazos. Luego, las mismas manos que han salvado al cachorro, se extenderían de nuevo y apretarían el cuello de esa persona. Lo aprietan mientras le miro a los ojos y le enfoco con una cámara. Lo aprietan lentamente, poco a poco, que note como la presión cada vez es mayor, que note el dolor en la garganta, la falta de aliento, que note como se le escapa la vida. Y que sienta miedo, que el miedo lo llene por completo y, cuando esté a un paso de la muerte, me mire, sin comprender el porqué, que me mire mientras es terriblemente consciente de lo solo, perdido y aterrorizado que está. Que me mire mientras yo silbo una canción y sonrío. Sonrío.

Y a ti, maldito miserable, sabiendo que eres incapaz de entender la mostruosidad que has hecho, te deseo que lo pierdas todo, cada cosa que te importe, cada persona que ames, que tu único compañero sea un inmenso dolor, que pases el resto de tu vida, y que sea larga,  deseando estar muerto.