domingo, 25 de diciembre de 2011

Piensa como gato

En general todos los que tenemos animales tenemos puntos en común en nuestra forma de ser. Si nos centramos en la gente a la que nos gustan especialmente los gatos teóricamente esos puntos en común se multiplican. No siempre sucede. Si bien ya hay una diferencia sustancial entre gente que tiene animales y gente que realmente los quiere y respeta, también hay diferencias significativas entre la gente que tiene gatos. Vaya por delante que no me creo maestra de nada, ni creo que mi forma de pensar sea la correcta y verdadera ni nada de eso.

Conocí a una pareja que tiene una gata. La gata es huidiza y cambiante. Tanto puede buscar tus caricias u olerte toda interesada como darle el aire del norte y pegarte un bocado para luego salir corriendo. Le contaba el otro día a un amigo que me da la sensación de que muchas veces nuestros animales son espejos de nosotros mismos, o por lo menos de la convivencia. Si nosotros somos estables y serenos los animales  lo serán también, dentro de las características propias de cada animal, los hay más activos y los hay más tranquilos.

No estoy segura de si soy la más adecuada para predicar esta teoría. Tengo un gato que huye de los extraños y solo se acerca tras un rato de tanteo. Eso sí, después es un cachito de pan. El otro es un osado que se mete hasta dentro del maletín del técnico de la caldera. Por supuesto él decide cuando y donde le acaricias, si es que se digna a dejarte. Luego se irá para un sitio donde no se le moleste demasiado. A pesar de las peculiaridades de cada uno son gatos tranquilos y predecibles.

Bien, todo ésto viene a cuento porque me chocaron un par de actitudes a la hora de tratar a la gata, que para mi forma de ver, no son más que ganas de complicar las cosas. Tres ejemplos breves:
-En un piso sin calefacción (estamos en diciembre, norte de España) los allí reunidos estamos en el salón, único sitio de la casa que tiene una pequeña estufa. La puerta está cerrada, nosotros dentro, la gata fuera. ¿Por qué? Las tres parejas que allí estábamos tenemos gatos, se anula la posibilidad de que fuese por si a alguna le molestaba que la gata estuviese por allí. Fuí al baño y tras casi congelarme en el pasillo dejé la puerta del salón entreabierta al volver y el pobre animal entró, para cuando se dieron cuenta ya estaba ovillada en su camita. 
-La gata estaba durmiendo en su camita. A la dueña le apetece tenerla en el regazo. Le pide al chico que se la pase. 
-Cuando la dueña se cansa de ella la gata vuelve a su camita. Se pone a hacer el movimiento de amasar, ya sabéis, como hacen de bebés en las mamas de la madre. El chico le riñe. Me explica que eso es como un niño que se chupa el pulgar. Intento decirle que al niño abusar de chupetes o pulgares puede traerle problemas bucales mientras que que la gata amase no va desatar ninguna tormenta cósmica. 

Las reglas básicas que yo considero a la hora de comportarme con mis animales (y los de los demás), es el respeto y la igualdad. Si yo tengo frío y me encierro en la habitación más caliente de la casa, mis bichos, si quieren, se vienen conmigo al calorcito. Si mis bichos están plácidamente dormidos no los despierto porque a mí me dé la gana de tenerlos en el regazo, como mucho me acerco y les hago unos mimitos. Si el gato está en una silla me busco otra para sentarme, si necesito esa silla determinada me siento con cuidado en el borde, hasta que él decida que se larga. Lo que es muy diferente a que porque soy la humana y me merezco lo mejor lo tire de la silla porque sí. Si estoy haciendo la cama y T. viene a meterse entre las sábanas no le doy gritos ni lo asusto para que se largue (en mi casa no se grita a la mínima), sigo haciendo la cama aunque esté haciendo con ello un sandwich de gato, cuando él quiera se escurre de entre las sábanas y se va. No hay porque hacer un drama con todo. Vale que les riñamos porque se comen las plantas (las que más les gusten habrá que ponerlas en alto), porque arañan las cortinas o porque rascan el sofá (si tenemos o vamos a tener gatos es mejor comprar el sofá de polipiel) pero por amasar... solo falta que también se les riña por ronronear. Si se ponen a amasar, a lamerse el culo, a hacer la croqueta en el medio del pasillo... no se les riñe... se les deja ser gatos. Porque no nos olvidemos, no son ni perros, ni bebés, ni esclavos, ni jarrones, ni plantas. Son gatos.
Ellos piensan como gatos y actúan como gatos, y nosotros debemos de quererles como lo que son, gatos. Dejar que se expresen, crezcan y se desarrollen como lo que son, con las mil y una características que los definen, respetandoles y preguntándonos si nos gustaría que nos trataran como nosotros les tratamos a ellos. De nada sirve darle mimos si se les riñe cada dos por tres por idioteces como comportamientos tipicamente felinos, si sin razón se le niega la entrada a una habitación en la que suele estar o si se le despierta y excita cuando el gato está tranquilo y feliz durmiendo. 

No sé si sólo me pasa a mí o si los demás también véis diferencias que no os gustan en la forma en que otros tratan a sus bichos. Es posible que yo sea demasiado crítica. Yo qué sé.

7 comentarios:

  1. estoy muy de acuerdo contigo. yo a veces regaño a ron, claro. cuando rasca donde no debe o trata de robarme cosas. pero tampoco hacen falta gritos ni dramas. se chista, se da una palmada y punto. se acabó. no me gusta montar follones absurdos. y no me explico los comportamientos que tiene la gente a veces. yo tengo mucha suerte con Ron. es mucho más sociable, más simpático y más amoroso que yo. pero por muy chungo que sea un gato, se le puede educar un poco. o controlar su ira al menos.
    en fin. me gustan mucho más los gatos que la gente.
    un beso.

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  2. Mmm...a ver, no sé, no soy ninguna experta en comportamiento felino y cuando adoptamos a lupe venía con un pasado chungo así que eso nos complicaba un poco más las cosas. Lo que hicimos, más de manera natural que deliberada, fue adoptar una postura de libre albedrío. Lupe llegó muy nerviosa, con mucho miedo a todo y huidiza, así que la dejamos hacer: si quería esconderse no la buscábamos, si venia con una pelota en la boca jugábamos con ella, si se subía en la cama a dormir, así se quedaba, si dormía en el sofá también..al final ha quedado esa regla, en realidad eso es posible porque no somos muy escrupuloso, si rasca en el sofá pues bueno..es un gato y los gatos rascan donde quieren, aunque también use sus tres rascadores. Eso sí, hemos intentado crearle un ambiente felino propicio: lugares altos para dormir, rascadores por la casa, comida y bebida por la casa, etc... Quizás si la hubiéramos intentado coger más o tocarla más ahora sería mucho más sociable y cariñosa pero nunca lo hacemos..esperamos a que venga si quiere caricias y no intentamos ponerla en nuestro regazo. Ella nos ronronea y nos pide mimos a veces peor no es de subirse encima nuestro. Con las visitas es exactamente igual que con nosotros, no se esconde, les ronronea, se deja tocar un minuto y después sigue a su olla .. no sé si es lo adecuado, es lo que nos salió..

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  3. Oye! me olvidaba! felices fiestas!

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  4. Por cierto, en cuanto al respeto y la igualdad pienso exactamente lo mismo, si yo lego a la mesa y ella está sentada en una de las silla, aunque sea la mía, me siento en otra, que por algo llegó ella primero, faltaría más! además, siempre pienso que en realidad la casa es más de lupe que mía ya que ella pasa 24 horas del día 7 días a la semana ahí en casa y yo no..puede que sea una memez, pero yo tengo eso muy en cuenta..

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  5. Pues depende del bicho. Con mis gatos tengo una filosofía de vida parecida a la tuya: "vive y deja vivir". Les dejo en paz y les mimo cuando ellos quieren. Reconozco que a veces no puedo contenerme y les cojo en brazos y les pego un par de besitos en el morro, pero no me da la impresión de que se quejen demasiado, la verdad.

    Con mis perros el tema ha sido un poco diferente. Si dejas que el perro se siente donde le da la gana y haga lo que le da la gana, llega un día en que es el perro el que te pone la correa a ti y te saca a pasear. He tenido que aprender a obligarles a esperar mientras les pongo la comida, a obligarles a ir a mi paso cuando les pongo la correa...a pesar de que va contra mi naturaleza obligar a un animal a hacer nada, pero no se lo cuentes a ellos :-)

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  6. Felices fiestas a las tres!

    Naar: jejej a mí también me gustan más los gatos que la gente :) Eso es lo que pienso yo, regañarle por motivos, no por tonterías (como amasar)

    Gris: me gusta mucho Lupe porque me recuerda a mi gato T. Creo que son los dos así como un poco altivos, me encantan. Yo creo que lo hicisteis genial con ella, parece un caso muy complicado y conseguisteis darle cariño y seguridad sin agobiarla. Yo con el mío hago lo mismo, cuando le da por venir a mi regazo, como lo hace tan pocas veces al ser tan arisco, es una delicia. Eso sí, ninguno de los dos se salva de un buen achuchón cuando llego a casa.

    Eva: igual no me expliqué bien en el post porque estaba un poco mosqueada. Quería decir que un perro es un animal con una mentalidad predispuesta a seguir a un líder (manada), predispuesta a obedecer. Un gato aunque puedan vivir en grupos es mucho más independiente y no tiene nada arraigado lo de seguir y servir a otro individuo, por eso decía que no se puede pretender tenerlo educado como un perro, controlando todos sus movimientos (como lo de amasar que decía en el post) Predico el libre albedrío pero dentro de unos límites. Yo soy la primera en hacerles Chsssss! si rascan mi sofá nuevo, o si veo que intentan la escalada en las cortinas. Lo que quería decir es que es absurdo reñirle por tirar arena fuera del arenero al tapar sus cosas, o por amasar, o por clavarnos las uñas sin querer al subir a nuestro regazo o cosas así. Como tú dices tampoco es plan de dejar que sean ellos los jefes de la casa pero sí que me irrita esa forma de tratarlos que tienen algunos como si fueran juguetes, que se apagan cuando no interesa (como lo de no dejarla entrar en el salón o tenerla en el regazo porque sí).

    Imagino que hay tantas formas de tratar a nuestros bichos como personas con bichos, y yo, repito, no soy experta en el tema, solo doy mi opinión, que puede ser equivocada. Un beso para cada una!

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  7. La psicología felina no es mi especialidad (estudie sólo la humana, mucho menos interesante). Creo que es imposible convivir con otro ser y no acabar introyectando comportamientos, miedos y actitudes. Con la convivencia, los gatos se humanizan y los humanos se agatunan. También es cierto que los gatos tienen ya un carácter marcado cuando llegan a nuestras vidas y que lo mucho o poco que cambien y evolucionen depende, en parte, de la intensidad del vínculo que tengan con nosotros (y viceversa).

    Yo he tenido “gatos aristocráticos” (esquivos, orgullosos, despegados y poco cariñosos), peluches buenazos y adorables, y gatos eléctricos, "chantajistas" y cariñosos. No sé cuantas neuras les habré “contagiado”. Creo que ellos me han influido mucho más a mi que al revés, pero lo que si tengo claro es que soy mucho más humana gracias a ellos.

    No permitir a los gatos ser gatos, desungularlos, restringir su acceso a ciertas zonas de la casa (por si dejan pelos), humanizarlos en extremo (algun@ hay que los viste con ropitas o proyecta en ellos necesidades que no tienen), demuestra mucho especismo además de mucha ignorancia.
    El amasamiento entra dentro del cat pack, es una reminiscencia de cuando dormían en camas menos blandas y mullidas, igual que girar sobre si mismos (los perros también hacen esto último).

    No conozco a mucha gente en mi entorno que tenga gatos, desgraciadamente. Supongo que me sorprenderían. Algunos para bien y otros para mal.
    No estás sola en tu “actitud crítica” ;)

    Un saludo gatuno ***

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