martes, 24 de abril de 2012

Pues él no va


De mis incursiones en Twitter. He intentado encontrar más del dibujante pero no le encuentro el rastro.

Edito: Gracias a Okinawa sé que ésta es su web, Los Calvitos.

jueves, 5 de abril de 2012

Gato estúpido


Este es T. Tiene cara de malo, y lo es. Si se te ocurre tocarle la barriga una única uña le basta para abrirte en canal. Dos colmillos que le asoman, "¿dónde vas, vampirillo?". Le encantan las gomas del pelo. También, como a mí, la carne de pollo. Es un chico duro, cuando se te sube al regazo se para el mundo, y está un ratito, "pero sin sobeteos ni esas cosas de nenas, ¿eh?", me dice con sus ojos amarillos. Se tumba entre el monitor y el teclado, con una pata en medio de la pantalla, y la cabeza apoyada en el ratón. Sabe que es el mejor boicot para conseguir lo que quiera. "Bueno, T., ya me hartaste". Flis, flis. Corre hasta la alfombra. Se lame y se acicala. Y vuelta de nuevo, terco y cabezota hasta que consigue que le dejemos salir a su paseo nocturno. 

A veces me hace desesperar, pero como dice Zuviëh, al que lo dañe tanto a él como a A., lo mato. 

Ayer eran las dos de la mañana y aún no había regresado. Salí a dar una vuelta. El gato A. quiso venirse. No me dejaba acercarme a la carretera grande que pasa cerca de aquí. A las tantas de la mañana sus chillidos sonaban en la calle como agujas clavándose en los tímpanos. Si me alejaba demasiado se plantaba en medio de la acera y empezaba a chillar. Volví a casa y lo metí dentro. Dí vueltas y más vueltas. Cogí el coche y fuí por los alrededores. Regresé a casa y me metí en la cama. Y de la cama a la ventana. Según pasaban las horas cada vez más espaciadamente. Primero cada cinco minutos, luego iba tardando más y más hasta que era cada media hora, el momento en el que miras y no está no es agradable. Conseguí dormirme pero soñé que estaba tirado en una cuneta, herido pero vivo, así que cogí el coche de nuevo y estuve una hora dando vueltas. "Gato estúpido", pensaba, y lloraba. Volví a casa. A la cama otra vez. Nos íbamos a quedar en tres. Ya no íbamos a ser en casa cuatro gatos, solo tres. Mi gato A. estaba en la ventana. Empezó a maullar. Me levanté y allí estaba T. Bajé y le abrí. Lo miré bien por si venía herido. Nada, perfecto. Lo abrazé... gato estúpido... se desembarazó de mi abrazo y bajó rápidamente a cagar al arenero. Y luego a hincharse de pienso. Y luego a dormir en el medio de la cama y hacer que como siempre a mí solo me queden veinte centímetros. Por si hubiera tenído poco, cuando por fin me quedé dormida soñé que no había llegado a casa, que eso había sido un sueño. Me incorporé asustada para ver si estaba en la cama. Y allí estaba. Menos mal.

Gato estúpido... si no le quisiera tanto le... le... yo no sé qué le haría. 

(Léase también "Chucho cabrón", de Bailando con gatos )