sábado, 9 de junio de 2012

Pues yo hoy robé una gata

Por cosas como esta me alegra tener un blog anónimo. 

I. es la típica loca por los animales que todos nos imaginamos. Tiene seis gatos, los seis rescatados en las últimas, porque esta gente tiene imán y, por suerte para los bichejos, van a dar con ella. Una la encontró atropellada en una cuneta, con varias personas mirándola pero sin mover un dedo. La recogió, la llevó al veterinario, hubo que amputar y ahora es una gata preciosa de tres patitas. Ha perdido la cuenta de los animales que ha salvado, también de las mofas que ha recibido por parte de la gente que no la entiende.

I. contactó conmigo a través de una asociación que me conoce. La gata de su vecina había sido mordida por un perro en la zona de la oreja hacía quince días, haciéndole un desgarro importante. La dueña de la gata ni por asomo pensaba llevarla al veterinario ("es un animal viejo, si tiene que morir que muera, peor son los abortos que hay todos los días"). A duras penas consiguió que le dejaran pasar a hacerle curas pero la herida es tan grande que aquello empeoraba día tras día. Intentamos que la dueña nos dejara que la llevaramos al veterinario, haciéndose la asociación cargo de absolutamente todos los gastos. No quiso. Pues nada. A grandes males grandes remedios. Ni siquiera creo que la busquen.

La gata está pachuchilla, una por la cantidad de medicamento que lleva en el cuerpo, y otra porque la infección que tenía era importante y está debilucha. Me la he quedado yo, que la tengo escondida en el cuarto de la lavadora, que por suerte es luminoso y ventilado, hasta que encontremos un sitio mejor donde meterla. 

Nunca he tratado con animales enfermos, salvo cuando el mío se rompió (le rompieron) la cadera. Me abruman los nombres de antiinflamatorios, calmantes y antibióticos, me pierdo entre gasas y esparadrapos, y me ahogo en agua oxigenada y betadine. Siento la responsabilidad de una madre primeriza que cree que no va a saber cuidar a su bebé. La miro y me echo a llorar. Es un bichillo menudo y famélico que apenas consigue moverse, se queda quietecito mientras le hago las curas y entrecierra los ojos mientras le acaricio la mejilla con un dedo. Está sucia, en un par de días la bañaré, y poco se ve en ella de la majestuosidad y elegancia de un gato sano. Qué cruel es el mundo. Que injustas las personas que tienen un animal y no se preocupan de él. 

Me gustaría mucho quedármela, pero igual que quería quedarme a mi callejerito Leni y no pude, con esta pasa igual. A mí no me importaría tener seis o siete gatos en casa, si de mí dependiera Leni y esta gatita formarían parte de mi troupe ahora mismo. Pero no depende de mí, sino de las circunstancias. De las odiosas circunstancias que nos atan y nos someten. La libertad de poder hacer lo que quieres hacer, ese es el verdadero tesoro.
Pero bueno, miserias mías a parte, la gata está bien, aunque con una oreja menos. Se recuperará y encontraremos una persona que le dé todo el amor que se merece. Si conocéis a alguien que esté interesado en adoptar a esta gatita no dudéis en poneros en contacto conmigo, y ya hablaríamos. Yo la acercaría a dónde hiciese falta.

Y que yo viva muchos años para cometer este delito tantas veces como sea necesario.

12 comentarios:

  1. ¿Te imaginas que la dueña de la gata, esa malnacida que no quería curarla, lee esta entrada? Dan ganas de decirle: ¿quieres recuperar a tu gata? Pues busca, busca, que no la vas a encontrar, porque la que escribe este blog la tiene bien escondidita..
    Yo creo que, en casos como este, el robo de gatos está más que permitido ;) Ojalá todos los delitos fuesen como el tuyo!!

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    1. La verdad es que me da verdadera indiferencia que la pueda leer o no. Miedo ninguno, no soy yo la que tiene algo de lo que avergonzarse. Que igual soy una inconsciente y un día me arrepiento de publicar esto, pero hoy por hoy... me la refanfinfla.

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  2. mira, nena, quien roba a un ladrón tiene cien años de pedón. que le den a esa tipa. cuida mucho a la nena hasta que se recupere y encuentre un hogar. y ni delito ni leches. es un acto de compasión y generosidad lo que tú haces. hombre ya!!
    un beso.

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    1. Eso digo yo, ¡que le den mucho a esa tipa! y si es con un bate de béisbol mejor (Es broma, es broma. O no)

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  3. Yo no he robado ningún gato, pero si rescaté a una que se cayó de mi edificio, y menos mal, tiene una herida considerable y una enfermedad que sus dueños no han querido curar ni tratar. Ya no está en sus manos, y jamás se la devolvería, ni el mismo día que la recogí, si me la hubiesen querido quitar se la hubiese dado.
    He de decir que yo no la tengo conmigo, está en manos de unos ángeles que la están curando y preparando para una nueva vida, ángeles como tú, muchas gracias.

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  4. Me parece que en este mundillo ángeles somos todos. Unos de una forma, otros de otra, pero todos les ayudamos. Gracias a ti también.

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  5. Aún no logro entender por qué la gente que no ama a los animales tiene animales...y encima son tan egoistas que ni los cuidan bien, ni dejan que alguien más lo haga.

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    1. Yo tampoco lo entiendo. He llegado a pensar si es debido a la necesidad de sentirse propietarios de algo, si tener bajo su merced una vida les da poder o seguridad... no sé. Y encima si ven que te preocupas por los animales intentan convencerte de que no son nada, de que son basura. Esa gente sí que es basura. De la peor.

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  6. Los gatos no son de nadie. No tienen dueño. Así que no has robado nada y has hecho fenomenal. Eso sí, espero que a la impresentable de su dueña le entren en casa y le roben hasta las bragas. Para equilibrar el karma, más que nada...

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    1. Me ha gustado tu respuesta, cierto que si le preguntáramos a la gata diría "¿dueña yo? oiga usted, que yo me quedaba allí porque el perro me dejaba comer de su pienso, o que se ha pensado" :)

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  7. Pues me quedo con lo último, espero que esta gatita encuentre un hogar donde la quieran y la mimen, y ni se acuerde de su asquerosa dueña, a la que nadie le podrá robar una cosa porque no la tiene: corazón.

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    1. La bañé el otro día (estaba muy sucia, hasta tenía costras en las patitas) antes de entregarla a otra compañera (ay, cuánto lloré) y parecía otra. Me pareció como el preparatorio para una nueva vida dejando atrás todo lo malo y sucio.

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