lunes, 17 de septiembre de 2012

En una alcantarilla puede haber tesoros escondidos...



¿Y quién va en ese transportin?


Pues Scofi, un peluchín buenazo al que las chicas de la Asociación Abeiro (aquí su FB) recogieron de debajo de unos coches hace más o menos un mes. No saben si lo abandonaron o se escapó, sólo que tiene inmunodeficiencia y que por lo tanto solo puede estar en un hogar donde los otros gatos (de haberlos) también la tengan. 

Por ahora se va a quedar en la protectora de animales Gatocan, de las que os dejo unas fotillos del maravilloso espacio en el que tienen sus gatos. Seis  parcelitas en total. 





Y de camino a casa mirad qué cosa más bonita me encontré:


Son dos gatitos aún muy canijos que se refugian en esta alcantarilla. Tenían agua y según he entendido una persona les da pienso, así que por lo menos hambre no pasarán. 

No sé qué tienen los gatos que me ablandan el corazón hasta límites insospechados. Como plastilina me lo dejan. 

martes, 11 de septiembre de 2012

El cuarto de la lavadora

Hace tiempo estuve unos días cuidando una gata, (lo cuento aquí) se trataba de Micha, una gatita a la que su dueña (es un decir, como dijo Eva, los gatos no tienen dueño) estaba dejando morir. Un perro la había mordido en la oreja y al no recibir cuidados se le había infectado. Por ciertas razones no pude poner las fotos por entonces pero las pongo ahora. Aquí la tenéis cuando llegó al veterinario:


 Como véis el aspecto general es penoso. Cuando un gato está tan sucio y desaliñado es que no puede lavarse a sí mismo. A veces por problemas en la boca, otras, como éste caso, porque sencillamente no tiene fuerzas de lo enfermo que está. En la foto no está dormida, estaba tan débil que apenas se movía. Lo que quedó de la oreja después de que la mordiera el perro hubo que amputárselo porque era tejido muerto.


El collar isabelino le duró justo para la foto (ahí ya estaba en mi casa) y hasta que se despertó. A la tercera vez que se quitó collar y vendaje y yo se lo puse de nuevo pensé "Bueno, a ver, está claro que es terca y no lo quiere. Si no se toca la herida se la dejo sin tapar". Y firmamos las dos una tregua con ese acuerdo tácito. El veterinario me aseguró que si no se lo ponía se acabaría rascando porque con los días se le secaría la piel del corte y le picaría. Pero no, porque yo se lo mojaba un par de veces al día con betadine y se le iba curando sin resecarse. Un par de días después la bañé. Mi viejita (tiene ya doce años) se agarraba con sus patitas escuálidas a todo lo que se le ponía a tiro por lo que también nos lavamos al tiempo el suelo, las paredes, mi pareja y yo. Finalmente la puse encima de una toalla y la secamos poniendo el secador muy bajito para que no se me asustara. Al principio me miraba con cara de "Zorra estúpida, ésta me la pagas" pero luego se le fueron cerrando los ojillos y el calorcito del aire la fue dejando prácticamente dormida. 

Al final ya me iba queriendo un poquito (o eso me imagino yo, que también puede ser). No quería agobiarla así que no le andaba encima salvo cuando tenía que hacerle las curas. Un día entré y me puse a ordenar unas cosas de allí, ella estaba en su camita y me maulló. Ni estaba mala, ni tenía hambre (tenía comida) ni nada, simplemente maulló para llamar mi atención y que le hiciera caso. Mi nena... si la viera de nuevo me la comía a besos.

Me gustaría enseñaros fotos del día que se fue, aún no totalmente recuperada pero con mucho mejor aspecto. Las borré. Le cogí mucho cariño a ella y su medio bigote hitleriano y el día de su partida fue muy triste para mí. Aún así mereció la pena. Es como en el capítulo 21 de "El principito".

Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida:
- Ah! - dijo el zorro... - Voy a llorar.
- Es tu culpa – dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal pero tú quisiste que te domesticara.
- Claro – dijo el zorro.
- Pero vas a llorar ! – dijo el principito.
- Claro – dijo el zorro.
- Entonces no ganas nada !
- Sí gano –dijo el zorro – a causa del color del trigo. 

Ella me domesticó, se cameló mi corazón con su mirada de mala leche y su cuerpecillo sucio y herido. Me enamoró porque estoy segura de que no se rindió en ningún momento de esos quince días que pasó tirada sin que nadie le hiciera caso a su herida. Los gatos son así. Y claro que gano, aunque no la vuelva a ver, gano la sonrisa boba que tengo en la cara al hablar de ella. Es una campeona, una superviviente.


El cuarto de la lavadora ha tenido que hacer de hospital otra vez. Se llama Cris.


Cris pertenece a una colonia que cuida una señora de mi ciudad, ayudada por una asociación con la que colaboro. Llevaba bastante tiempo pachucha pero como no tenían donde meterla esperaban a que se recuperara por sí misma o a que surgiera un hueco en las casas de acogida. El otro día publicaron esta foto porque ya no podían esperar más. Además de un corte en la garganta, babeaba mucho y respiraba fatal. Todo el rato que estuvo la chica con ellos estuvo así sentada, sin moverse. Me dió una pena tremenda cuando ví esa foto. Bastante malo es estar en la calle, sobretodo los inviernos, para encima estar enfermo, débil y con dolor. Fuimos con la jaula trampa y la llevamos al veterinario. Tiene rinotraqueitis, una enfermedad común en los gatos que además de ser muy contagiosa puede causar la muerte si no se trata. Por si alguien se está preguntando si no contagiará a mis dos gatos decir que no, estando vacunados no hay peligro (aunque también ayuda que no está en contacto entre ellos).


Aquí la tenéis tres días después de haber pasado por el veterinario a recibir un chute de antibiótico (la foto no es de las mejores, ya). Si me oye llegar a la puerta normalmente lo que veo al abrir es su culo antes de meterse en una caja que le tengo al lado. Es callejera de pura cepa, desconfiada a más no poder. Ahí la pillé porque me acerqué a la puerta sin hacer ruído y la abrí de golpe. Curiosamente se quedó donde estaba, incluso mientras le echaba de comer. Eso sí, sin quitarme ojo. Quizás mañana o pasado me anime a intentar sobarla un poco. 

Cuando se fortalezca se la esterilizará y volverá a soltarse en la colonia donde estaba, ya que es un sitio más o menos seguro. Y espero que no vuelva a enfermar.

Ando metida también en intentar ayudar a una gata de un pueblo cercana, obviamente casera, que está en la calle. Si se le hacen los test y da positivo para la inmunodeficiencia pueden recogerla en otra asociación con la que también colaboro (solo son dos, que parece que no paro) porque tienen sitio en la caseta de ellos (están separados de los gatos sanos) pero si no... tendrá que volver a la calle, con suerte podrán reubicarla en una colonia donde esté más segura que sola como está ahora. 

Los refugios y casas de acogida están a tope. Pero hasta arriba. Aún tienen gatitos de las camadas de Junio y ya vienen los de las de Otoño. Y un montón de casos de gatos que necesitan medicación, y una casa donde estar mientras tanto, como el caso de Cris. Otro caso que conozco es el de una camada de cuatro gatitos, también callejeros, que necesitan una casa en la que estar mientras se le cura una infección tremenda que tienen los cuatro en los ojos. Solo serían unos días, un par de semanas como mucho. Yo lo haría encantada si no tuviera a Cris, que aún se irá para la semana o la próxima. 

Lo que quiero decir con todo esto es que si estáis pensando en adoptar un gato, hacedlo ya, es el momento. Si no os atrevéis y queréis ver cómo va la cosa primero tenedlo en acogida, a modo de prueba primero. O tened un gato (o dos) mientras se le encuentra adoptante. Si queréis algo más temporal podéis ayudar prestando también vuestro cuartito de la lavadora, como yo, a modo de enfermería. Contactad con asociaciones de vuestra zona e informaros de cómo colaborar.

La mayoría de los que me leéis estáis concienzados de sobra, pero por si acaso llega alguien que se lo está pensando, no quería dejar pasar la oportunidad de animarle. 


domingo, 2 de septiembre de 2012

Me gustan los lunes: Usak y Voyta

Usak tenía el hocico amordazado. Y las patas atadas. Y estaba dentro de un contenedor de basura. Su destino era morir aplastado entre restos de comida y bolsas de plástico. Hasta que Voyta abrió la tapa del contenedor e interrumpió el estúpido devenir de las cosas. 


Voyta es un señor checo que buscaba algo que comer cuando afortunadamente abrió aquel contenedor, no pasa por su mejor momento pero no dudó en salvar al perro. Por las calles de Cádiz pidió limosna para los dos y cuando reunió el dinero suficiente le compró pastillas para desparasitarlo. 

Marina, coordinadora del PACMA en Cáceres, se encontró con ellos y Voyta le contó su historia. Le contó también que tenía miedo de que la policía le quitara al perro, que ya estuvieron preguntándole por la cartilla sanitaria del animal. Él estaba intentando ahorrar para vacunarlo y ponerle el chip pero no sabía cuándo iba a conseguir juntar ese dinero. Marina lo llevó a una clínica veterinaria y allí les pagó vacunas y chip, para que nadie pueda separarlos. 

Como dice Marina "Aquellos que abandonaron a Usak quizá lo tenían todo, pero estaban vacíos. Voyta no posee nada, ni siquiera un techo donde pasar la noche, pero ahora es un hombre rico. Tiene a su lado a alguien que jamás le abandonará."

Usak ya casi ha olvidado la oscuridad del contenedor pero aún no quiere separarse ni un metro de Voyta. 

La historia la leí en el blog de PACMA. Como ellos mismos dicen es un ejemplo más de que querer es poder, y de que deshacerse de animales por problemas económicos no es más que una excusa para hacer algo que ya se deseaba hacer desde hace tiempo. No es más que puro egoísmo e irresponsabilidad.

No importa los medios que tengamos a nuestro alcance, el que tiene corazón lo tiene con o sin dinero, y el que no lo tiene seguirá siendo una caja de hojalata hueca aunque tenga millones en el banco. 

Viva Voyta, y todos los que son como él.

Edito: Posnada, que me he liado con el calendario y la he programado mal, que tenía que ser para el lunes.