martes, 27 de agosto de 2013

Q, L y F (crías adoptadas, madre esterilizada y liberada en su colonia de nuevo)

El lunes fue un día completito. En principio únicamente tenía una visita de seguimiento de una adopción por la tarde, pero a las dos yo estaba con otra chica y su novio colocando la jaula trampa para intentar pillar a una de las gatas de la colonia de mi barrio.

Me llamaron por la mañana para ver si podía capturar a esa gata y a sus dos crías. La idea era sacar a los pequeños de la calle y a la madre soltarla de nuevo (es una colonia segura, dentro de lo que es vivir en la calle) una vez esterilizada.

No iba yo muy optimista pero a veces la vida, azar, suerte o como queramos llamarlo ayuda un poquito y entonces todo sale rodado. La madre entró en la jaula, seguramente confiada porque andaba por allí el señor que les da de comer, y también porque las sardinas les atrae muchísimo.

Conseguí coger a una de las crías, el más clarito, L, con un acercamiento ninja mientras él estaba semioculto en un arbusto. Primero se quedó quieto y pensé "Coño, qué manso", luego me vió la cara y se convirtió en una motosierra, dejándome el brazo tal que así: 


Finalmente empezó una verdadera persecución por los soportales detrás del otro gatito, F, que tras tirarse de una altura de 3 metros con su pequeño par de huevos, inició un sprint que por los pelos abortamos el novio de la chica que venía conmigo y yo. Es increíble el instinto de supervivencia que tienen, la idea clara y concisa de huír y esconderse, y la velocidad que pueden coger con esas cuatro patitas tan diminutas. 

A Q la llevamos a esterilizar ese mismo día. La recogimos del veterinario dormidita, y aproveché para darle los mimos que pudieran haberle faltado. A las dos de la mañana, bien despierta de la anestesia, fuímos a liberarla de nuevo. Hoy pasamos por allí antes de ir a correr, y me miraba desde unos metros con cara de pocos amigos (vamos, como yo miraría a quien me castrase). Me quedé más tranquila viéndola.




Me da pena separarla de sus hijos, pero intento pensar que ellos tendrán una mejor vida y Q también, al no seguir trayendo camadas al mundo. Aunque en esa colonia no están mal, como se suele decir, la calle no es lugar para nadie. 

Y aquí F y L. No puedo sacarles mejores fotos porque si me acerco se esconden. Son aún muy desconfiados. Y absolutamente preciosos, también. 



5 comentarios:

  1. Qué bonitos son!!

    Espero que encuentren una casita pronto, por lo menos no vivirán en la calle, que por muy segura que sea la colonia nunca está a salvo de malas personas. Y ahora su ama a vivir tranquila sin que los machos la acosen.

    Gracias por tu labor, es muy importante que la gente se involucre en cuidar colonias callejeras, de ese tipo de personas no hay muchas, te lo aseguro.

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    1. La verdad es que lo que más me desanima del trabajo con las colonias es la gente. Que muchos vienen a meterse donde no los llaman, a hacerte saltar la jaula o intentar robártela, o preguntarte si tienes permiso del ayuntamiento y no sé cuántas tonterías más. Aunque también hay gente que te agradece la labor, como tú. Gracias :)

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  2. Gracias por ayudarles!!!

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    1. Gracias a ti también por leerme y comentar :)

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  3. A mí también me habría dado pena separarlos de su madre, pero sabes que es lo mejor, a pesar de la mirada de odio que te lanza...
    Qué mérito haber cogido a esos dos pequeñitos preciosos, ¡¡¡corren que se las pelan!!! El gato que más he visto correr en mi vida no tendría ni dos meses, ganaría al propio Usain Bolt!!

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