domingo, 23 de febrero de 2014

El gato a lo Bowie y otros mininos

Tengo que poner esto al día y contar mis aventuras gatunas... y a ver si un día escribo sobre algún tema en concreto y dejo el modo "desfile de gatos". 

Hace unas semanas fuí a recoger a B para llevarlo a su casa de acogida. Viene de una aldea, la familia tiene otros gatos y no querían quedárselo. No hay problema, por suerte o por desgracia B es de esos gatos que no duran un minuto, en cuánto los difundes empiezan a aparecer comentarios y mails interesándose por él. Y no es para menos, la verdad. Hasta a mí que me gustan los feochos que no quiere nadie me hipnotizó con ese pelaje precioso y esos ojos a lo David Bowie. 






Ya tiene hogar.
Después llegó el turno de D. D es una gata de la que ya hablé aquí. Mi amigo J. la tuvo en acogida y finalmente la adoptó. Teoricamente se iban a ir a Alemania en otoño pero la cosa parece que va para largo. Estos días J. tuvo que irse cuatro días a Bélgica y empató con tres en Roma así que nos quedamos con la gata. De D lo que a mí me dijeron es que era incompatible con gatos y perros, y así se lo dije a J. Pues una vez más veo lo fácilmente que ponemos etiquetas sin tener ni idea. D estuvo conviviendo con mis gatos perfectamente. El primer día se lo pasó dando bufidos a todo y todos pero se fue habituando en tiempo récord y al final jugaba con mi gato T a echar carreritas. 
Simplemente se dijo que era incompatible porque le pegaba a uno de los gatos con los que estuvo en su primer casa de acogida. Lo que no implica que haya que generalizar. Aquí la tenéis: 





No hagáis caso a su carita angelical. Es un demonio que casi me mata de un disgusto. Los que me leéis en el otro blog ya estáis informados pero lo cuento de nuevo para los que no. Resulta que salí a llevar a mi padre al centro y cuando regresaba para casa recibo un mensaje de mi pareja diciéndome que no encuentra a la gata. Aparqué delante de casa y revisé la casa de arriba abajo. Nada. Sólo quedaba un sitio. Efectivamente, había bajado al garaje y se había metido en el motor, viniendo con mi padre y conmigo a dar un paseíto. Cuando levanté el capó no sabía qué me iba a encontrar, me esperaba cualquier cosa menos una gata enroscada durmiendo plácidamente en un hueco que había arriba de todo. La metí en casa cogiéndola en el regazo con un miedo atroz a que se me escapara y después ya me estuve cagando en sus muertos un par de horas. J. es un heavy alto y bastante más fuerte que yo, a ver con qué cara le decía que había perdido a la niña de sus ojos. Además es médico, sabe en que puntos golpear para hacer más daño.

Se la devolví llena de manchas de aceite de motor y él me compensó un poco el susto con una caja de bombones belgas.

Fotos de L y S, en sus casas de adopción, ahora se llaman L y B. Están hermosas y sanotas.






He ido a intentar pillar con la jaula trampa a su madre para esterilizarla pero no se ha fiado y no ha entrado. Habrá que volver otro día, cuando la lluvia dé tregua, porque con lluvia y viento como hemos tenido estos días no se deja ver. 

Por otra parte estoy viviendo una experiencia un poco frustrante. Tengo en la habitación de los acogidos una panterita que necesita medicación durante doce días. Me odia. Viene de la finca donde la asociación tiene algunos gatos. Se llama N y nunca estuvo en una casa, y desde luego le falta bastante para estar sociabilizada. Lo intenté los primeros días pero tras un zarpazo y un amago de tirarseme a la cara dí por zanjado el tema. No por mí, sino porque me parece que el hecho de hablarle y prestarle atención hace que se agobie y angustie. Me da mucha penita que esté encerrada pero no me queda otra.  A veces veo que la protectora la difunde para adopción y me pregunto para qué. Igual estoy siendo muy dura pero aunque todos se merecen una casa y personas que les den cariño quién se lleva a Negrita tiene que ser consciente de que se pasará semanas sin verla. Sinceramente, ni yo misma la adoptaría. Es decir, si me dicen que o la adopto o se va a la calle, pues vale, la cojo, pero si puedo elegir elegiría a otro gato. No estoy segura de que se deje tocar algún día y aunque lo haga creo que siempre será arisca. Yo no he conseguido que salga de debajo de la cama mientras yo estoy en la habitación, y ya lleva una semana con nosotros. De hecho la dejé suelta por la casa, y con mis gatos se lleva bien, pero ella se fue al garaje y se metió debajo de una estantería. Así estuvo dos días saliendo solo para usar el arenero y comer una tercera parte de lo que debería comer. El garaje es muy frío y ella ya está delicada de salud así que no nos queda más remedio que tenerla encerrada en la habitación. Come poquísimo y casi no bebe. Me da miedo que enferme. Espero que se nos pasen los días pronto y pueda volver a la finca, donde parece que es feliz y se siente cómoda. 

Aquí una foto de ella, debajo de la cama de la habitación dónde meto a los acogidos. Mirándome con odio y rencor. Ojo, que es la mejor foto que pude sacarle antes de que corra lejos de mí:




domingo, 2 de febrero de 2014

No es un gato, ya lo sé: N, mi lobita (Adoptada)

Yo me crié con tres pastores alemanes. Jugué con ellos cuando aún pesaban más que yo, acabé varias veces en el suelo pero siguieron gustándome. Quise acariciar a sus crías, y a la décimosexta vez en la misma mañana que me acerqué, la mamá me gruñó y me enseñó a respetar su tranquilidad. Un día, cuando tenía unos nueve años,  les llevé de comer los restos de la cena y me mordieron. Primero uno en la cadera, y luego otro en el hombro. Aunque me acorralaron conseguí llegar hasta una ventana desde donde me vió mi madre, que vino a ayudarme. Pensaron en deshacerse de los perros después de ésto, por suerte no lo hicieron. Así aprendí con los animales también existen los malentendidos pero no tuve miedo ni rencor y seguí jugando con ellos. Nunca me volvió a morder un perro. 

Me encantan los perros grandes, y los tipo lobo más. Supe hace unos días de una perra que vagaba por una aldea. Una chica le daba de comer pero otros vecinos le pegaban para que se fuera. La chica decía que era muy buena, que quería compañía humana y que ni siquiera sabía guarecerse de la lluvia, que dormía a la intemperie. Por eso cuando ví esta foto: 


No pude evitar enviar un par de mensajes y a la noche siguiente en mi sofá estaba esto:



Es enoooorme. Y yo, acostumbrada a estar en cama con mis gatos, me quedaba impresionada cuando la que se subía era ella, porque igual que si subiera un pony. Es también bueníiisima. Buena y dócil. Anduve más el par de días que la tuve que en las dos semanas anteriores. La llevaba a largos paseos por el monte que tenemos cerca de casa (en Galicia hay un monte cerca de cualquier parte). Nunca había paseado a un perro y me gustó mucho la experiencia. Vale, a las ocho de la mañana no me gustaba tanto. Al principio tiraba de la correa y me arrastraba, luego fue aprendiendo y ya no tiraba tanto. Olía TODO, no se le escapaba ni una cagada ni una meada. Sé que no se les debe dejar parar en todos lados pero como sabía que no la iba a tener mucho tiempo me dije que ya la disciplinaría otro, si eso. Cuando paseábamos por el monte y ya iba cansadita dejaba de tirar de la correa y se ponía a mi lado, y caminábamos las dos juntas y yo sentía un vínculo extraño y tierno con esta lobita que me seguía y me obedecía sin conocerme de nada.

Cuando llegábamos a las calles con sus paradas de buses, y sus panaderías, y su gente yendo de un lado a otro, notaba cómo se la quedaban mirando, porque es realmente bonita e impresionante. Nos cruzamos con una niña de unos dos años y pensé que la nena se iba a echar llorar pero se puso a reír y Núa la miraba levantando las orejas, como si nunca hubiese escuchado tal cosa. Cuando pasábamos cerca de algún adulto a veces me daba por recoger la correa y atarla en corto, haciendo así como que sujetaba con fuerza a un animal fiero y peligroso, y ellos se apartaban con respeto, y yo me reía un poco por dentro, porque no sabían que era un cachito de pan tranquila y pacífica. 

N ya se fue. Está en una residencia canina que colabora con la protectora. El chico ha ayudado a muchos perros con problemas y él mismo recoge perros y les busca hogar. Nosotros le pagaremos el primer mes. 

La idea era que estuviera en nuestra casa hasta que saliese una casa de acogida indefinida o adoptante pero ha sido imposible. Mis gatos en un par de horas aceptan a cualquier gato que les traiga. Incluso con uno que era especialmente arisco no hubo más que un par de zarpazos (dados por el otro, además). Siempre digo que estoy muy orgullosa de ellos en ese aspecto. Sin embargo con la perra ha sido imposible. Fuí muy ingenua. Al ver un bicho tan grande ellos se asustan, se ponen a la defensiva y escapan. Al verlos correr a N se le dispara un resorte y corre tras ellos y estábamos todos muy estresados. Había que tenerlos separados y como ella no soportaba estar encerrada los que estaban encerrados eran mis gatos, que aún con la puerta cerrada no se bajaban de la camita de lo alto de la estantería. Decidí que es más valiosa nuestra tranquilidad y bienestar que lo que nos cueste la residencia (que es poco, además). 

N me enseñó algo importante. Que no sé nada de perros. Que te hagan conocedor de tu ignorancia es un gran regalo. No entendía sus diferentes tipos de gruñidos, quejidos, tampoco distinguía su mirada de "quiero espaguettis" de la de "salgamos otra vez". Esto también me hizo valorar cuánto sé de gatos. Mejor dicho, lo bien que me entiendo con ellos. A ellos sí les distingo las miradas, cada miau o marramiau, cómo conseguir un ronroneo, cuando y dónde se les puede acariciar, cuando están agresivos de verdad o de farol y cuando estás a punto de que confíen en ti o aún te queda un trecho. Supongo que es una de las grandes cosas  que me han dado todos los gatos que he acogido. 

N, como suponéis, está en adopción. Espero que salga algo para ella porque de verdad que es un encanto de perra.