sábado, 11 de octubre de 2014

El día a día en el hotel de gatos

La cosa empezó conmigo ofreciéndome para acoger dos crías y liberar un poco a una casa de acogida que tenía dos camadas que inicialmente sumaban diez gatitos. La cosa continuó con una chica de cerca de mi casa avisando que en la colonia de detrás de su bloque había una cría muy pachuchilla. La cosa terminó con esa cría y su hermano metidos en mi casa porque no había dónde demonios meterlos. 

Iba a ser temporal. Ya sabes, hasta que apareciese casa de acogida, pero tal cosa no ha salido. 

Con ellos soy consciente de lo mucho que comen seis gatos y de lo mucho que cagan. Por lo demás son un encanto, cada uno a su manera. A y V son súpercariñosas y simpáticas, además de preciosas, aún no puedo creer que estén sin adoptante. 



L y J es otro cantar... costó muchísimo sociabilizarlos. Mucha paciencia, frustración y algún arañazo. Ahora L se deja acariciar sin problema... salvo si estás de pie, que aún le impone la altura y su primera reacción es alejarse. Con el tiempo se le pasará. 





J es la gata más borde que te puedas imaginar. La adoro. Tardó mucho en dejarse tocar, y ahora a según tenga el día, pero aún te rehuye. Si la pillas de buena deja que la toques mientras te mira con una cara de asco infinito, aliñado con una pizca de desprecio. 



Ahora que tengo seis gatos he descubierto lo que implica. Que comieran su miniración de latita (una cucharada) más o menos ordenadicos costó varios días. En la  foto falta mi gato T., que se estresa y no come si están los demás así que le damos a parte.


También aprendí lo de que te sepulten las piernas. Qué gusto tirarse en el sofá y que se te vayan pegando, sobre todo ahora que va llegando el frío. En la foto también falta T., que como véis no le entusiasma lo de tener tanto bicherío en casa.


Por lo demás intento estar tranquila. Mis padres me desheredarán si saben que tengo cuatro acogidos, pero yo pienso en ellos, y en que tarde o temprano aparecerá alguien que los quiera, y me relajo un poco. Son adorables. A es la primera en saltar a la cama en cuánto mi compañero Z abre la puerta de la habitación, echaré de menos sus saludos mañaneros con restregamiento de naricilla húmeda por mi cara. V es la de la mirada mágica, es una gata calmada y elegante excepto cuando hay comida rica de por medio, que pierde la compostura y suelta unos miaaaaaaaaaus extralargos y lastimosos. L es el pillín de ojos color ámbar, que prefiere a Z antes que a mí (los dos negritos le prefieren, cosa imperdonable), que hace ronda por la casa razonando solo en un interminable surtido de miaus, marramiaus, prrr y prrrmiaus. Y J... J es J. Se estremece con el contacto y a veces huye, pero luego viene y se duerme a tus pies, recostando la cabeza sobre tu pierna y mirándote de vez en cuándo fijamente, con esa mirada suya tan seria, tan de vuelta de todo, tan de "Tía, he visto cosas que no creerías". 

Y esa es mi troupe ahora mismo. 

17/12/14: Este fin de semana vienen a recoger a mis dos carboncillos. Se van adoptados juntos. Espero que todo vaya bien. Por otra parte comentar que A y V se fueron en acogida a otra casa hace ya varias semanas. Se han acabado encariñando con ellas y podemos considerarlas adoptadas, juntas también.