miércoles, 22 de marzo de 2017

C y M

2 gatitos de unos 3 meses que me entregaron delante de la Facultad de Farmacia. 2 chiquitines nacidos de una gata de aldea, la típica a la que no la esterilizan y matan las crías camada tras camada. Estos se salvaron. Los agarrabas del pellejo del cuello y aún se encogían como cuando los transportaba su mamá. Me moría de ternura cuando lo hacían, eran como un regalo esponjoso y suave. 


M se fue adoptada a otra ciudad. Se pasó toda la primera noche maullando y su adoptante, una jovencísima profesora, casi se vuelve loca. Yo ya no sabía que decirle, le mandaba whatsapps de ánimo y apoyo moral, que tuviese paciencia, que era cuestión de días. Por suerte sólo fue una noche. Enseguida empezaron los primeros ronroneos y las primeras siestas en el regazo. Son inseparables.


C fue mucho más fácil de conquistar. Enseguida cogió el papel de cuidador del bebé de su adoptante. Duermen juntos, le lleva los ratoncitos de juguete.,, el bebé, como todos los bebés, todo se lo lleva a la boca, gato incluído. Lo baba y le mete los dedos en la boca pero C se deja hacer. Ahora además le han traído una compañera gatuna y estoy segura de que es un gato muy feliz. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

T, mi pequeña guerrera

Sigo usando el blog de archivo para mis acogidos.


Apareció delante de mi casa un día de septiembre, llena de aceite de motor y, como pronto se supo, positiva al virus de leucemia felina. Unos 5 meses aunque parecía más canija.Tranquila, lista y cariñosa. Siempre mantuve la firme convicción de que T sería como esos gatos leucémicos que viven un porrón de años, con sus vitaminas y probióticos, pero con buena calidad de vida. Con el paso de los meses T se fue deteriorando hasta no ser más que un esqueleto encogido. 

Lo intenté todo. Todo. La llevé a 3 veterinarios distintos. En algún momento mejoró un poco, fueron los días en la que su acogida la vió jugar por primera vez, pero pronto volvió a ser la gata que sólo quería estar acostada, a poder ser en el regazo de alguien. Llegó un momento en que ya no reaccionaba al suero ni a la medicación. Era un pellejito enganchado a una vía que se me escapaba de este mundo sin que yo quisiera creerlo, porque no quería, no quería creerlo, quería que esta historia saliese bien, quería que tuviese la vida que merecía. 

Dos días antes de dormirla la llevé, en un acto desesperado, al hospital de la Facultad de Veterinaria, a ciento y pico km. Tienen buenos profesionales y la mejor tecnología. No existen los milagros, salimos de allí con la mirada compasiva de la veterinaria, "no es una gatita con suerte", dijo. 

El 14 de enero T se fue. Nadie sabe lo que lloré, las veces que le pedí perdón por no haberlo conseguido. Acariciando su cuerpecillo aún caliente sentí un dolor absolutamente devastador. La besé y la enterré en mi jardín. Es pequeño como un cuarto de baño, suelo decír, siempre he pensado enterrar a mis gatos en él, T no era mía, T no era de nadie porque ya llegó a este mundo con embriones de alas en la espalda, pero la gardenia tiene un flor bella y fragante, que dura muy poco tiempo, como ella, y a sus pies era el lugar perfecto para que su cuerpo descansase. 

T es una guerrera que luchó todo lo que pudo y más. Yo soñé dos veces que iba a morirse pero seguí sin darme por vencida. Ella sin embargo, con la forma en que me miraba, parecía decirme que estaba preparada para echar volar. Quiero creer que está en alguna parte, sana y feliz y que, por qué no, nos volveremos a ver algún día.
Te quiero, pequeña, por siempre.